En su reposo. 26/04/2023. T24. E130.
"Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana".
Sal. 130:6
Espera a Jehová
Dos circunstancias parecen dañar el ánimo del salmista.
Su profundo clamor, surgido quizá de una gran necesidad.
Y su convicción de pecado, que lo lleva a considerar casi imposible ser escuchado por Dios.
Sin embargo, sigue clamando, apela a la misericordia de Dios, y espera.
No es importante lo que espera, sino a quien espera.
Está ahí, angustiado, desesperado, sufriendo, apesadumbrado por su propio pecado, consciente de su maldad y de su indignidad, pero aún así, espera.
Su espera no tiene que ver con su clamor, ni con su pecado.
No espera cosas, lo espera a él.
Y esa es la mejor de las esperas.
Nunca se ha tratado de lo que Dios puede dar, sino de lo que él es.
Lo que significa para nosotros su persona, su corazón, su presencia.
Esperarlo a él, es esperar su compañía, su abrazo, su voluntad, aun cuando no haga lo que le pedimos.
Esperarlo a él es amarlo, desearlo, anhelarlo. Su mirada, su amor, su gracia.
Ojalá entendamos la diferencia, y comencemos a esperarlo más a él que a lo que puede darnos o hacer por nosotros.
Esperemos a Dios más de lo que un guardia anhela el amanecer que marcará el fin de su desvelo.
Esperemos a Dios más que la hora de salida de un arduo día en el trabajo.
Esperemos a Dios más, y notaremos la diferencia en nuestras vidas.
Isaí Rodríguez Ruiz