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En su reposo. 13/02/2023. T24. E68.

"Dios hace habitar en familia a los desamparados; saca a los cautivos a prosperidad; mas los rebeldes habitan en tierra seca".

Sal. 68:6

Familia

Hay una gran diferencia entre la ironía y la promesa.

Dios no está siendo irónico en este versículo, está haciendo una promesa.

Claro que desde la perspectiva humana alguien sin lazos de parentesco; sin hijos, sin esposo o esposa, sin padres, es una persona sin posibilidad de disfrutar de los placeres de la vida familiar, pero esta realidad natural no limita al Dios de lo sobrenatural.

Por supuesto que quien ha estado cautivo tiene muy pocas posibilidades de prosperar de nuevo, pero Dios sigue siendo el Dios de los imposibles.

Así que el Señor no está exhibiendo el mal, ni mucho menos haciendo burla del desamparado, del huérfano o de la viuda; tampoco menosprecia a quienes son estigmatizados por su pasado, Dios está haciéndoles una promesa de reivindicación.

Al que está solo le dará una familia, al que ha perdido toda esperanza lo llevará a disfrutar del futuro.

Qué hermosa promesa, surgida del amor de Dios y cumplida por su fidelidad.

Él nos hace habitar en familia, nos da un lugar donde podamos sentirnos seguros, confiados; un espacio en el que nos sentimos amados, protegidos, valorados, impulsados a ser mejores cada día.

Está promesa bien puede hacerse realidad por la restauración de la vida familiar, o por la inclusión dentro de un nuevo núcleo familiar, generalmente uno espiritual, la familia de la iglesia.

De ese modo, la iglesia puede ser el espacio donde cada persona se sienta parte de una familia.

Si bien no hay familia perfecta, y sin duda las congregaciones locales pueden tener también sus momentos de discrepancias, la iglesia de Cristo ha de superar toda adversidad interna y reflejar así su vínculo, superior sin duda al de cualquier familia de la tierra.

Ante esta verdad, el gozo de sabernos parte de una familia única y especial, nos fortalece e impulsa para amar a Cristo, adorarlo con júbilo y disfrutar de la comunión con su pueblo, nuestra familia de la fe.

Isaí Rodríguez Ruiz