En su reposo. 30/04/2022. T16. E14.
“Ciertamente has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido; gloríate pues, mas quédate en tu casa. ¿Para qué te metes en un mal, para que caigas tú y Judá contigo?”.
2 Reyes 14:10
Gloria propia
Amasías era un rey bueno delante de Dios, mientras que Joás hacía lo malo ante los ojos del Señor.
Sin embargo, en un arrebato de orgullo, Amasías retó a Joás a una batalla basado en su reciente éxito contra Edom.
La experiencia de Joás lo hizo percibir la perniciosa actitud del rey de Judá y en cierta medida intentó disuadirlo.
Pero Amasías estaba cegado por su orgullo e insistió en ir a la batalla.
Una derrota absoluta, cual no había sufrido Judá a manos del reino del norte, fue la consecuencia de esta presunción.
Qué lamentable es cuando alguien con buen proceder, buen testimonio delante de Dios y de los hombres, se deja llevar por el éxito obtenido.
“Se le subió la fama”, “se le subieron los humos”, y frases como esas, encajarían en la actitud de Amasías.
Una victoria, y se creyó invencible. Un logro y nos creemos superiores a todos, mejores que todos, y nos consideramos merecedores de todo lo que se nos viene a la mente.
La derrota llegó en el campo de batalla y alcanzó incluso la ciudad de Jerusalén y sus preciados tesoros.
Lección de vida que haremos bien en apropiarnos para no dejar que los buenos resultados nos eleven el ego y nos hagan sentir invencibles.
Debemos ser ecuánimes, medir correctamente nuestras capacidades y recursos y no basarnos solo en lo que nuestro orgullo nos hace sentir.
La recomendación paulina complementa de manera perfecta este pensamiento:
“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.
Ro. 12:3.
Isaí Rodríguez Ruiz