En su reposo. 30/08/2022. T21. E5.
"Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro".
Ester 5:2
Gracia real, gracia divina
El peligro de muerte al que se acercaba Ester entrando al palacio del rey sin ser invitada, quedó eliminado cuando obtuvo gracia ante los ojos del rey.
Era una orden real, que toda persona que entrara sin ser invitada fuera condenada inmediatamente a la muerte. La única forma de evitar ese destino era que el mismo rey le perdonara la vida.
Que impresionante paralelo con la justicia y misericordia divina.
Es la santidad y justicia de Dios la que impiden que el ser humano, lleno de pecado, pueda entrar a su presencia. Nadie en tales condiciones tiene siquiera la más mínima oportunidad de entrar a su gloria; pero lo que es imposible lograr a causa de su justicia, encuentra una oportunidad en su gracia.
La gracia de Dios es la que permite que el hombre pueda entrar a su presencia, pues encuentra la forma de satisfacer la justicia de Dios.
¿Cómo evitar que una persona que el rey amaba muriera al entrar a su presencia sin invitación? En la ley persa se creó un recurso legal que ayudara en ese tema.
El rey, si quería salvar al "intruso" debía extender su cetro de oro a favor de quien se arriesgaba a buscarlo sin invitación.
De la misma manera, la gracia divina encontró la forma de dar una oportunidad al hombre para reconciliarse con Dios.
El Señor extendió al hombre su mano y envió a su Hijo Jesucristo a morir en la cruz del Calvario para satisfacer su justicia divina y abrir un camino para el perdon de los pecados.
El símil con la historia de Ester es tan exacto que incluso, el detalle de Ester tocando el cetro de Asuero, nos muestra que si bien, Asuero extendía el cetro a su favor, ella debía tocarlo para completar legalmente su salvación de la muerte por entrar sin permiso a su presencia.
Y con ello nos demuestra que aunque la gracia divina ha sido ya extendida a favor de toda la humanidad, el ser humano debe hacer suya esta salvación de manera personal, acercándose a Dios y recibiendo la gracia del perdon por medio de Jesucristo.
Cuán grande es el amor de Dios que nos amó a pesar de nuestro pecado y buscó una manera de salvarnos de la muerte eterna.
En aquel caso era tocando el cetro, en Cristo es la fe y el arrepentimiento sincero lo que nos lleve a ser receptores de este perdón divino.
Es el anhelo de su corazón que cada hombre y mujer se acerquen a él y reciban voluntariamente este perdón producto de su gracia divina.
Recibámoslo, cuidémoslo, y prediquemos esta gran verdad al mundo.
Isaí Rodríguez Ruiz