En su reposo. 05/09/2022. T21. E10.
"Porque Mardoqueo el judío fue el segundo después del rey Asuero, y grande entre los judíos, y estimado por la multitud de sus hermanos, porque procuró el bienestar de su pueblo y habló paz para todo su linaje".
Ester 10:3
Grandeza
La historia de Ester y Mardoqueo está fuertemente ligada. La llegada de Ester a la posición de reina, su valentía para enfrentar el momento de crisis, y la forma gloriosa en que alcanzó la victoria, todo tuvo como resultada la grandeza de este par de judíos que marcaron la historia del mundo y de su pueblo.
¿Quién no desearía alcanzar esta grandeza?
Pero la grandeza en la Biblia, no siempre concuerda con las ideas de grandeza del mundo.
El versículo que nos ocupa revela cuatro motivos para la grandeza de Mardoqueo, que bien pudieran ser un ejemplo para cualquiera que anhela este tipo de notoriedad en el mundo.
La grandeza de un título que no se buscó
Hay muchos que darían cualquier cosa por ser el segundo después del rey. Pero aunque Mardoqueo alcanzó esta posición, algo es claro en todo el libro de Ester, él jamás buscó esta posición.
Y es que, por increíble que parezca, esta es una característica de la grandeza.
Los que anhelan las posiciones de gloria, son los que menos las merecen; y por el contrario, los que no las buscan, son los mejor capacitados moralmente para alcanzar y ejercer la grandeza.
La grandeza de la estima que no compró
Además, Mardoqueo fue grande porque tuvo la estima de todos sus hermanos; pero un vistazo rápido a todo el libro nos mostrará que Mardoqueo no compró con promesas, convenios políticos o beneficios especiales dicha estima.
Era natural, espontánea y genuina; las personas lo apreciaban de verdad y esta es la mayor gloria que un hombre puede alcanzar, ser apreciado por ser quien es y no por lo que aparenta o por lo que ofrece por debajo de la mesa.
La grandeza del servicio a otros
El primo de Ester llegó a ser grande por un principio que recorre la Biblia de pasta a pasta: el servicio. La grandeza está en el servicio, y hasta que no sea entendido y aplicado este concepto, muchos podrán creer que son grandes, pero la historia los colocará en su verdadero lugar tarde o temprano.
Mardoqueo procuró el bien de otros, y en su esfuerzo sincero de ayudar a los demás, encontró el reconocimiento de propios y extraños, y fueron ellos quienes colocaron su nombre con letras de oro en la historia de Israel y le dieron su lugar de grandeza .
La grandeza de la búsqueda de la paz
Por último, la grandeza del segundo hombre detras del rey, no ocurrió en base a la fortuna o a su buena suerte, sino a su compromiso con los valores que estaban arraigados en su corazón; entre ellos, la búsqueda de la paz para los suyos.
Su esfuerzo por la paz fue visto por todos, y es de esta lucha por la tranquilidad de las personas a quienes servía de donde surge la grandeza de Mardoqueo.
En pocas palabras, la grandeza no se busca, no se planea, no se puede programar ni provocar.
La grandeza surge espontánea, involuntaria para quien la recibe, y en muchas ocasiones, como algo que no solo no se busca, sino que se intenta rechazar.
Ni siquiera debería ser algo que consideremos como una opción.
Nuestro deber es servir con pasión, buscar el bienestar de los demás, sin vanagloriarnos en nuestros éxitos y sin anhelar el reconocimiento de quienes nos ven.
La grandeza ni se busca ni se provoca, la grandeza incluso, si llegase a nuestras vidas, habrá de rendirse ante quien es Grande entre los grandes, Rey de los reyes y Señor de los señores.
Nuestra grandeza es basura ante la gloria incomparable de Jesucristo, quien es el único que merece honor y adoración por los siglos de los siglos.
Isaí Rodríguez Ruiz