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En su reposo. 13/04/2022. T15. E21.
“Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres”.
‭‭1 Reyes‬ ‭21:3‬

Guárdeme Jehová

Acab le propuso un negocio que sin duda parecía redituable a Nabot. Una viña mejor o un precio más que favorable para aquel hombre de Jezreel por la viña de su heredad.

No parece haber nada malo en este asunto. Sin embargo Nabor se negó tajantemente.

En su respuesta podemos encontrar implícita la razón que lo motivó a ser tan decidido en su negativa.

La clave está en la expresión: “que yo te dé a ti”.

Nabor es muy claro. Podría venderla, pero jamás te la vendería a ti.

Puede negociar, pero jamás negociaría con Acab.

¿El motivo? “Guárdeme Jehová”. En otras palabras: “líbreme Dios de hacer algo como esto”.

Apela a Dios, al único y verdadero Dios, no a los dioses pagamos que Acab adoraba. Y con eso revela su motivo principal para negarle a Acab su viña.

Su fe y fidelidad hacia Dios le impedían siquiera considerar la posibilidad de negociar su viña con el perverso rey Acab.

Contaminado por su pecado, arrastrado a la idolatría más que ningún otro rey de Israel, el manipulado esposo de Jezabel no es alguien con quien Nabot está dispuesto a negociar la herencia de sus padres.

Él es fiel a Dios, a la fe que vio y vivió con sus padres, y no permitiría que aquella heredad fuera mancillada por el rey.

Qué impresionante entereza ante el poder de un superior.

No se dejó impresionar ni mucho menos intimidar por las palabras del rey.

Su fe y su fidelidad no estaban a la venta.

La respuesta de Nabot a Acab terminó costándole la vida, pero jamás perdió su valor y fortaleza.

Escuchó a los perversos testigos instigados por los ancianos de su ciudad, pero jamás negó su fe en Jehová.

Fue lapidado, pero no vendió su fe.

Para algunos, la expresión: “guárdeme Jehová”; puede resultar irónica, pues podrían pensar que Dios no lo guardó, no lo protegió, no lo salvó de la muerte.

Pero la expresión, se ha dicho ya, implica ser librados de hacer algo en contra de su fe y de sus convicciones.

En ese sentido, vaya que Dios lo guardó sin duda alguna. Pues aunque perdió la vida, no vendió su heredad al perverso rey Acab.

¿Qué será más importante? ¿Que el Señor nos guarde del mal que pueda venir sobre nosotros, o que nos guarde de hacer algo en contra de su santidad?

¿Estamos dispuestos a pedirle que nos guarde de hacer algo malo, aún cuando esto signifique pasar por injusticias, sufrimiento o hasta la muerte?

Denos el Señor la entereza de Nabot y su fidelidad, guardándonos en su poderosa mano para que perseveremos en la santidad que él espera de cada uno.

Isaí Rodríguez Ruiz