En su reposo. 01/12/2021. T10. E11.
“Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra”.
Josué 11:23
Guerra y paz
La última gran batalla de Josué fue contra un conglomerado de poco más de 10 reyes.
La victoria, absoluta, trajo el fin de las grandes batallas.
Quedarían todavía algunos reinos por conquistar, pero de manera general, esta victoria trajo certeza en la guerra, no había forma de hacer frente a Israel y su ejército; y mucho menos al Dios que peleaba con ellos.
Entonces, no solo los enemigos de Israel, sino el mismo pueblo de Dios entendieron que la victoria estaba asegurada.
Esto trajo un cierto grado de paz y estabilidad que permitió dar entrada al siguiente paso en el proceso de posesión de la tierra prometida: la repartición de la tierra.
Este capítulo once resume este proceso en el versículo que hemos leído.
Todo tiene su tiempo. El tiempo de la guerra dio paso al tiempo de la paz, la organización, la distribución de la tierra.
Una distribución pacífica, ordenada que requirió de otras habilidades, de otros recursos diferentes a los que el campo de batalla demanda.
Pero en todo tiempo está la ayuda del Señor a nuestro lado. En tiempo de guerra, el Señor es nuestra fortaleza, nuestra victoria , nuestro capitán y quien garantiza nuestra victoria.
En tiempo de paz, su presencia es sabiduría, guía, cuidado, esperanza, dirección para hacer las cosas conforme a su voluntad.
No hay momento de nuestra vida donde él no pueda estar presente y hacer la diferencia a nuestro favor.
Sin importar qué tan sereno sea nuestro día, o qué tan dura sea la lucha que enfrentemos, nuestro buen y gran Dios está ahí para ayudarnos.
Podemos vivir confiados en su fidelidad, en sus promesas y en su presencia siempre vigente y siempre efectiva para este y todos los días de nuestra vida.
Isaí Rodríguez Ruiz