En su reposo. 10/05/2022. T16. E22.
“Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba Safán: He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. E Hilcías dio el libro a Safán, y lo leyó”.
2 Reyes 22:8
Hallazgo
Cincuenta y cinco años del reinado de Manasés fueron suficientes para arruinar la vida espiritual de la nación.
Y aunque la Biblia no nos lo describe, los hechos que consideraremos ahora, tienen su origen en la apostasía de Manasés.
Esto debido a que no existe otra explicación para que el libro de la ley fuera “hallado”, sino el hecho de que el anterior rey hubiese provocado su olvido; o quizá él mismo sería quien mandaría a esconderlo.
En cualquiera de las dos opciones, desechar la Palabra de Dios fue sin duda una de las peores acciones que llevó a cabo Manasés.
Sin embargo, desde entonces, y hasta nuestros días, la voz de Dios revelada en las Sagradas Escrituras no ha podido ser callada.
Intentaron olvidarla, la desecharon, la arrumbaron entre el escombro y la basura pero Dios se encargó de que fuera encontrada, y con ella su mensaje de juicio y esperanza.
Juicio por el pecado de la nación, y esperanza porque Dios vio el corazón sincero del rey Josías y le mostró la misericordia que lo distingue.
He aquí la función más importante de la Palabra de Dios.
Al leerla, como el joven rey Josías, esta debe provocar en nosotros un sincero reconocimiento del pecado cometido y del justo castigo que merecemos por esa causa.
Igualmente, la lectura de la Biblia ha de llevarnos a un arrepentimiento, que se logre ver en nuestras acciones, pues solo de esa manera es que alcanzaremos la misericordia de Dios.
Pero, ¿cómo sucederá esto, si la Biblia ocupa un lugar de poca importancia en nuestra vida?
¿Cómo logrará la Biblia impactarnos como lo hizo con Josías si la leemos de manera religiosa; si consideramos su lectura aburrida, tediosa y sin importancia?
O peor aún, ¿cómo hará su trabajo la Escritura, si la tenemos muy bien guardada (por no decir escondida), debajo de los controles de la televisión o los cargadores de nuestros celulares?
El Señor libre a su iglesia del día que olvidemos o hagamos olvidar su Santa Palabra, o que minimicemos su valor y su lectura diaria.
Es pieza clave de nuestra relación con Dios, de nuestra santidad, de nuestro crecimiento, madurez y edificación como individuos, como familia y como iglesia.
Seamos la iglesia que lee, escudriña, memoriza y práctica la Palabra de Dios.
Isaí Rodríguez Ruiz