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En su reposo. 24/02/2022. T14. E4.
“¿Cuánto más a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su casa, y sobre su cama? Ahora, pues, ¿no he de demandar yo su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra?”.
‭‭2 Samuel‬ ‭4:11‬

Honrando al enemigo

La batalla entre David e Is-boset se había alargado.

David luchaba por el derecho que la unción y profecía recibida en su juventud, le otorgaba. Él reinaría sobre Israel. No tenía la menor duda.

Frente a él, un descendiente de Saúl demandaba su derecho al trono, por lo que era necesaria esta batalla.

Sin embargo, David jamás tuvo algo en contra de Is-boset. De no haber sido por la muerte prematura de Abner, es muy probable que se hubiera logrado la unificación del reino sin el derramamiento de la sangre del hijo de Saúl.

¿Cómo es posible llegar a esta conclusión? Por la forma en que David se expresa de Is-boset.

Le llama: “hombre justo”, como señalando sus virtudes y honrándolo a pesar de ser su rival.

Pudo haber disfrutado esa aparente victoria. Pudo incluso atribuir a Dios la mano de aquellos hombres que le llevaron la cabeza de su enemigo; pero con todo eso a su favor, él honró a Is-boset reconociéndolo como un hombre justo que no merecía la muerte que padeció.

Y no solo eso, le hizo justicia ante hombres perversos que pensaban, como aquel amalecita, que serían recompensados por sus acciones.

En la vida siempre llegarán momentos en los que tendremos que enfrentarnos a personas cuyo pensamiento es contrario al nuestro.

Es muy probable que sea necesaria una batalla de ideas, debates, discusiones, y quizá más allá, pero el ejemplo de David ha de perdurar en el corazón de un hijo de Dios.

Pelear con honor, jamás por la espalda o con el filo de la espada de la traición, y honrando en todo momento a quienes difieren de nosotros.

Incluso, que a pesar de las serias diferencias que puedan separarnos, jamás usemos calificativos peyorativos para señalarlos; por el contrario, que siempre tengamos una palabra positiva mostrando respeto y amor por quienes no concuerdan con nosotros.

Y que así, honrando a nuestros “enemigos”, honremos a nuestro Dios, quien nos hizo aceptos en él a pesar de ser enemigos de su amor y misericordia por causa de nuestros miserables pecados.

Sea el Señor con su pueblo.

Isaí Rodríguez Ruiz