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En su reposo. 30/06/2022. T18. E12.
“Y cuando Jehová vio que se habían humillado, vino palabra de Jehová a Semaías, diciendo: Se han humillado; no los destruiré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalén por mano de Sisac”.
‭‭2 Crónicas‬ ‭12:7‬

Humillación

Nunca deja de maravillarnos la forma en que Dios trata con el ser humano.

El perfecto equilibrio entre su justicia y misericordia es un ejemplo de la grandeza de Dios.

Roboam y el pueblo de Judá se alejaron de Dios muy pronto, apenas pasados tres años de su reinado, y las consecuencias tenían que llegar porque Dios es justo, y retribuye a cada uno según merecen sus actos.

Es por eso que Dios permitió el engrandecimiento de Sisac, rey de Egipto, como un instrumento de su justicia.

Pero justo ahí, cuando la espada de Jehová estaba por asentar el duro golpe del castigo por la maldad humana, el hombre se humilla delante de él y todo cambia.

La humillación propia, voluntaria y sincera es la única forma de aplacar la ira de Dios.

Al decir propia, se da a entender que no tiene valor el hecho de que alguien más nos humille. Tiene que ser la persona quien decida hacerlo.

Es fundamental que la humillación sea voluntaria; en otras palabras, no solo no debo ser humillado por alguien más, sino que debe ser una decisión surgida del reconocimiento del error cometido. No por conveniencia o intereses ocultos.

Sobre todo, la humillación ha de ser sincera. Y es que una persona puede humillarse “aparentemente”, y lograr engañar a las personas a su alrededor, pero es imposible que engañe a Dios.

Roboam y sus príncipes fueron confrontados por el profeta Semaías sobre su maldad y las consecuencias que tendrían que sufrir.

Ante esta irrefutable verdad, otros podrían haber renegado o rebelado su corazón, pero este grupo de personas reconocieron su error y se humillaron ante Dios.

Y es ahí donde interviene la inescrutable misericordia de Dios.

Dios perdona, Dios ofrece nuevas oportunidades, Dios envaina su espada y extiende su mano para levantar al caído.

Todo por su gran misericordia.

No es lo ideal fallar. Alejarnos de Dios sin duda traerá lamentables consecuencias, pero si algún día nos encontramos rodeados por el enemigo a punto de destruirnos, recordemos que solo la misericordia de Dios podrá salvarnos, pero esta no llegará sino a causa de un corazón genuinamente humillado y arrepentido.

Extienda el Señor su misericordia a nuestro favor cada día.

Isaí Rodríguez Ruiz