En su reposo. 26/01/2022. T13. E10.
“Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre”.
1 Samuel 10:6
Impacto espiritual
Nada vuelve a ser igual cuando tenemos un encuentro directo con Dios.
La vida de aquel joven Saúl fue transformada por todos los acontecimientos que le ocurrieron a partir de su salida en busca de las asnas de su padre.
Ungido como rey, cumplidas las señales, cada paso que daba le confirmaba la palabra del profeta Samuel.
Pero la mayor de todas fue la venida del Espíritu de Dios a su vida y la forma en que este lo cambió.
El efecto inmediato fue “profetizar”. La expresión tiene que ver con una experiencia profundamente emotiva y espiritual; y no necesariamente con palabras proféticas sobre el futuro, sino con expresiones de alabanza a Dios.
Para el pueblo debió ser impactante verlo reaccionar al poder del Espíritu, pero para Saúl mismo era la prueba final de que la unción recibida venía de parte de Dios mismo.
Pero el propósito de Dios no era sólo impactar a Saúl, o demostrarle con ello la veracidad de las palabras de Samuel, era convertirlo, transformarlo, mudarlo en otro hombre.
El gran problema de las experiencias espirituales no es la experiencia en sí, ni siquiera los efectos sorprendentes que esta pueda tener, sino la forma en que descuidamos su propósito.
Lo importante no es cómo, cuándo y por qué suceden tales experiencias espirituales, sino su resultado, los frutos que provengan de tales momentos sobrenaturales.
Hoy muchos discuten si son válidas las experiencias espirituales de nuestra época, como si pudiéramos decirle a Dios qué hacer y cuándo hacerlo.
Otros, afanados en lo impactante de tales experiencias, se ocupan de analizarlas, estudiarlas, meditarlas, y a veces hasta de provocarlas y manipularlas.
Pero lo verdaderamente importante es dejado de lado en muchas ocasiones. El impacto que esto causa en nuestra vida, nuestra conducta, nuestros corazones.
Dejemos que la soberanía de Dios manifieste su presencia poderosa en nuestras vidas.
Seamos sensibles a la presencia del Espíritu de Dios para que descienda con poder sobre nosotros.
No demos mayor importancia a las expresiones físicas de nuestra reacción a su presencia, sino aquellas que la misma Biblia nos demanda (“pero hágase todo decentemente y con orden” 1 Co. 14:40).
Pero sobre todas las cosas, permitamos al Espíritu Santo cumplir el propósito de su manifestación: cambiarnos.
Que se vea en nuestras acciones, en nuestras palabras, en nuestro trato a los demás, en nuestras decisiones. En cada parte de nuestro ser pueda notarse la influencia del poder del Espíritu actuando en nosotros.
Que así sea para la gloria de Dios.
Isaí Rodríguez Ruiz