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En su reposo. 26/12/2022. T24. E26.

"Mas yo andaré en mi integridad; redímeme, y ten misericordia de mí".

Sal. 26:11

Integridad genuina

El salmo completo parece ensalzar la integridad de David, como si esta fuera la pieza clave de su bienestar, y condición inequívoca que haga que Dios le otorgue su ayuda.

Verlo de esa manera, haría que la integridad; en otras palabras, las buenas obras, sean la prioridad para encontrar salvación y bendición.

Pero el salmo está perfectamente equilibrado.

El salmista expone su integridad, pero nunca confía en ella.

Su confianza está en el Dios a quien ofrece su integridad.

La integridad no es algo que obliga a Dios a darnos su bendición, es lo que le ofrecemos a él como adoración por lo que en su misericordia nos ha dado.

David siempre está pidiendo y deseando la redención del cielo; la misericordia de Dios.

Se mantiene íntegro porque está consciente que Dios es el único que puede redimirlo.

Se mantiene íntegro porque entiende que es su integridad la única forma en que puede expresarle a Dios cuánto lo necesita, cuánto depende de él.

La integridad es algo que ofrecemos en medio de un mundo decadente; rodeados de maldad, los hijos de Dios todavía podemos vivir según la voluntad del Señor.

La integridad no es algo de lo que enorgullecerse, o vanagloriarse, mucho menos es moneda de cambio para que Dios nos dé lo que le pedimos. Es apenas un voto de gratitud, una adoración del alma que expresa nuestra devoción y compromiso con el Dios en quien confiamos, de quien dependemos.

Andemos en integridad, pero no dependamos de ella. Ofrezcamos integridad, pero no queramos negociar con ella. Vivamos en integridad, pero sigamos clamando con fervor: Dios, "ten misericordia de mí".

Redímanos el Señor, y nos guarde en integridad para su gloria.

Isaí Rodríguez Ruiz