En su reposo. 14/11/2022. T23. E32.
“Hablaré, pues, y respiraré; Abriré mis labios, y responderé”.
Job 32:20
Intervención prudente
La prudencia es amiga de la sabiduría.
Eliú, era hasta este momento del libro de Job, un espectador.
Probablemente había más personas viendo y oyendo a estos cuatro amigos y sus disertaciones.
Personas que estaban ahí quizá por curiosidad, o por búsqueda de sabiduría.
Pero, como bien afirma Eliú, la sabiduría no siempre habita con el de mayor edad.
Y el primer signo de sabiduría es la prudencia al hablar.
El sabio, calla, guarda silencio, espera a que otros sean los que participen.
Mientras tanto, aprende, reflexiona, argumenta en su mente, planea, organiza las ideas, saca conclusiones.
Así, llegado el momento o la necesidad, tiene recursos para hablar con sustento.
Este fue el caso de Eliú, un joven que escuchaba a Job y sus amigos y que esperaba el fin del debate en un sentido y terminó al otro lado.
Job acabó pareciendo justo ante sus amigos, pero ante Eliú él solo se auto justificaba, y peor aún, se justificaba más que Dios.
Era tiempo de hablar, no podía detenerse más.
La prudencia también exige actuar en el momento correcto. Es decir, ser prudente no significa ser pasivo.
De ahí que la sabiduría y la prudencia estén directamente relacionadas.
Saber cuándo hablar y cuándo callar, es una habilidad que todos necesitamos para mejorar nuestras relaciones.
Como cristianos, es también una característica que denotará el dominio propio que se espera de los hijos de Dios.
Seamos prudentes y sabios al hablar.
Isaí Rodríguez Ruiz