En su reposo. 21/03/2023. T24. E99.
"Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; invocaban a Jehová, y él les respondía".
Sal. 99:6
Invocación
Invocar es hacer un llamado para que alguien se haga presente en un lugar.
En este caso, al invocar a DIos, se busca que la presencia del Señor descienda e interactúe con el hombre.
Invocamos a Dios en nuestras reuniones de iglesia; invocamos a Dios en nuestras ceremonias y sacramentos.
Invocamos a Dios para que sea testigo y garante de aquello que diremos y haremos en su nombre.
Pero la idea y motivo principal de invocarlo es todavía más simple: es para disfrutar de su presencia e interactuar con él en comunión.
Los ejemplos que este salmo utiliza son de personas que tuvieron una cercanía con Dios impresionante.
Moisés y Aarón hablaban con Dios directamente, cuando la nube descendía sobre el tabernáculo, y Moisés todavía más de cerca, pues cara a cara hablaba con Dios.
Samuel fue el primero después de muchos años en volver a oír la voz de Dios y a tener comunicación cercana y constante con él.
No es coincidencia que al hablar de invocar a Dios, se les utilice a ellos como ejemplo.
El llamado que hagamos a Dios al invocarlo, no debe ser solamente para pedirle que esté presente, o para que bendiga nuestras actividades.
Debe ser, prioritariamente, por y para disfrutar de su presencia.
Buscar su rostro, hablar con él, conocerlo en la intimidad y no solo en la religiosidad de un acto cúltico, es el principal objetivo de llamarlo para que se haga presente en nuestras vidas.
Lo llamamos, lo invocamos, porque lo amamos, porque gozamos y anhelamos su comunión.
Por supuesto, Dios mismo está esperando que le invoquemos. Quiere, como entonces, responder, platicar, convivir y disfrutar igualmente del amor y la comunión con sus hijos.
Invoquémoslo y pasemos un tiempo hermoso en su presencia cada día.
Isaí Rodríguez Ruiz