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En su reposo. 07/01/2022. T11. E19.
“Y todo el que veía aquello, decía: Jamás se ha hecho ni visto tal cosa, desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad consejo, y hablad”.
‭‭Jueces‬ ‭19:30‬

Jamás

Los últimos tres capítulos de este libro narran una sola historia. No relacionada con los jueces de Israel sino con la condición espiritual de la nación.

En todo el libro es posible ver ese círculo vicioso en el que había caído el pueblo, alejándose de Dios, siendo oprimidos por sus enemigos, clamando al Señor y recibiendo ayuda por medio de un juez hasta que este moría y volvían a su pecado.

Pero la constante dentro de este ciclo es la pobreza espiritual de la nación que se refleja en la inmoralidad que desarrollaron.

Eso es lo que intenta contarnos la historia de este otro levita y su concubina.

La terrible escena de un cuerpo desmembrado se volvió la imagen fiel de la caída moral de la nación.

Lo que jamás hubiéramos imaginado sucedió.

Lo que jamás se había oído antes ocurrió.

Lo que jamás cruzó siquiera por la mente de los patriarcas o del libertador Moisés, aconteció en el seno del pueblo escogido.

Fielmente señala el escritor que esto no ocurrió entre los jebuseos, a donde pudo haber ido el levita, pero pensó que estarían más seguros entre su propio pueblo, y sucedió exactamente lo contrario.

Jamás. Tarde o temprano todos enfrentamos el riesgo de exclamar un jamás en la vida.

Jamás me había pasado eso. Jamás se había visto u oído algo tan terrible.

En este caso, la pobre vida espiritual de la nación los hizo inclinarse al mal incluso más que las naciones a las que Dios había mandado destruir en la tierra de Canaán.

No es difícil comparar aquella realidad con lo que el mundo enfrenta hoy día lejos de Dios. Pero también con lo que aquellos que le hemos conocido y gozado de su amor, podemos experimentar si decidimos darle la espalda.

Al mismo tiempo, es una lección impresionante sobre la formación espiritual de las nuevas generaciones que están en riesgo de repetir estas historias si no llegan a conocer a Dios de manera personal.

Desde nuestras trincheras luchemos para:

Que como iglesia, sigamos siendo la sal que preserva al mundo de la contaminación moral y espiritual.

Que fomentemos la vida espiritual y los valores morales que Dios mismo nos ha entregado en su palabra.

Que mantengamos fuerte y profunda nuestra relación con Dios, no sea que un día seamos sorprendidos por un: “jamás se ha hecho ni visto tal cosa”.

El Señor guarde la hora.

Isaí Rodríguez Ruiz