En su reposo. 01/09/2022. T21. E7.
"Y dijo Harbona, uno de los eunucos que servían al rey: He aquí en casa de Amán la horca de cincuenta codos de altura que hizo Amán para Mardoqueo, el cual había hablado bien por el rey. Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella".
Ester 7:9
Justicia irónica
Los planes de la reina Ester no pudieron salir mejor.
La estrategia de acercarse al rey funcionó muy bien, pues el rey estaba desde el primer banquete dispuesto a concederle su petición.
Alargar la presentación de su solicitud, solo ayudó a generar más expectativa y deseo por parte del rey.
Pero al escuchar la petición de su reina, el corazón se le turbó. Nunca esperó semejante solicitud.
Ni siquiera tenía idea del riesgo que corría su reina y el motivo de sus temores.
Mucho menos pensó que la petición de Amán tuviese que ver con el exterminio de un pueblo entero y además valioso para su reino, empezando porque la reina pertenecía a dicha nacionalidad.
Solo hasta entonces pudo ver la maldad del corazón de aquel hombre en quien confiaba ciegamente.
Por otro lado, Amán quedó totalmente sorprendido ante la noticia de que la mismísima reina Ester era judía.
Sin pensarlo, él solo empeoró su situación cuando rogaba por su vida en el lecho de Ester.
La sentencia de muerte ni siquiera fue necesario dictarla como tal, una cobertura sobre su cabeza señaló su inevitable final.
Pero este final le reservaba una sorpresa más a este soberbio agagueo.
Apenas unos días atrás disfrutaba viendo como se erguía la horca de 52 codos que preparó para Mardoqueo.
Fue el banquete con la sonrisa entre sus labios imaginando que pronto vería colgando de ella a aquel insufrible hombre que no le rendía pleitesía.
Pero ahora, es él quien camina hacia ella, y es él quien le dará uso de una manera que ni siquiera pudo sospechar aquella mañana.
Lo que planeó para la muerte de otro, se convirtió en su lugar de castigo.
El instrumento del mal con que pretendía dañar al primo de la reina, se convitrió en el instrumento de la justicia para castigar su maldad.
Y justo así, sin más que añadir, es como Dios puede y quiere defender a los suyos, usando aquello que fue preparado en su contra, para castigar al que intenta dañar a su pueblo, a sus hijos.
Esta es nuestra esperanza, nuestra certeza, nuestra fe.
Caminamos sin temor al por venir, a los Amanes que levantan horcas en nuestra contra, pues arrojados en las manos del Todopoeroso, sabemos que toda arma forjada en contra de un hijo de Dios será infructuosa.
Vivamos en la certidumbre de esta poderosa verdad.
Isaí Rodríguez Ruiz