En su reposo. 20/08/2022. T20. E10.
"Porque a las cámaras del tesoro han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino y del aceite; y allí estarán los utensilios del santuario, y los sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores; y no abandonaremos la casa de nuestro Dios".
Nehemías 10:39
La casa de Dios
Dios ordenó el establecimiento de un lugar para que se convirtiera en el centro de reunión y de adoración de su pueblo.
Desde que esa orden fue dada y se creó el tabernáculo, fue Dios mismo quien instituyó el sistema para que dicho espacio de adoración tuviese todo lo necesario para el cumplimiento de sus funciones.
Su diseño, su construcción, sus materiales; todo demostraba que era un lugar que le permitía ser ese espacio sagrado para tener comunión con Dios, pero todo eso generaba una enorme cantidad de gastos; tanto para el sostenimiento de quienes servían en él, levitas y sacerotes, como el mantenimiento físico de las instalaciones y de todos sus utensilios.
Con el tiempo, ese tabernáculo se convirtió en un templo permanente, pero siguió cumpliendo las mismas funciones y por lo tanto siguió necesitando lo que aquel tabernáculo requería.
Los años pasaron y en más de una ocasión encontramos en la Escritura el señalamiento de que se le hicieron reparaciones menores o mayores, pero que fueron necesarias para que siguiera funcionando; ni que hablar de todas las generaciones de sacerdotes y levitas que vivían por y para el servicio de la casa de Dios.
¿Cómo se cubrían los gastos que se generaban?
De la misma manera que se construyó el tabernáculo y el templo de Salomón.
De la la misma manera que se mantuvieron en funciones uno y otro durante muchos años.
Con las aportaciones de ofrendas, diezmos y primicias de todo el pueblo.
Cuando regresaron del exilio se encontraron no solo las murallas destruidas, sino el templo mismo, ¿cómo se construyó el nuevo templo?
Y sobre todo, ¿cómo planeaban sostener las actividades del templo y a todos sus participantes?
Este capítulo nos da la respuesta: exactamente igual, ofrendas, diezmos y primicias.
Pero la pregunta clave es ¿qué los motivaba a actuar así?
En parte sin duda la obediencia a la Ley a la cual estaban sujetos, pero la ultima parte de nuestro versículo nos puede dar la clave para entender la actitud de los líderes y de la nación entera.
Ellos sentían un compromiso. "No abandonaremos la casa de nuestro Dios".
Es este compromiso, este amor, este deseo de honrar a Dios lo que los impulsaba a ser generosos para sostener el templo y todas sus funciones.
Mucho puede debatirse el tema del sistema de sostenimiento financiero de la iglesia y de sus ministros, pero lo que nunca debería cuestionarse; y es más, debería ser parte vital de la formación de todo hijo de Dios, es la generosidad para bendecir la obra de Dios.
Que bajo cualquier circunstancia, el anhelo de nuestro corazón sea este: "no abandonaremos la casa de nuestro Dios".
Isaí Rodríguez Ruiz