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En su reposo. 28/06/2022. T18. E10.
“Y no escuchó el rey al pueblo; porque la causa era de Dios, para que Jehová cumpliera la palabra que había hablado por Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat”.
‭‭2 Crónicas‬ ‭10:15‬

La causa de Dios

La mayoría de las veces al pensar en que Dios tiene un propósito imaginamos un objetivo positivo, benéfico, o por lo menos satisfactorio a nuestro parecer.

Pero la causa de Dios no siempre tiene que ver con todo aquello agradable a nuestra vista.

Dios había anticipado la división del reino por causa del pecado de Salomón, pero también había indicado que no sería durante el reinado de éste, sino de su hijo.

Llegado el tiempo de que Roboam tomara el trono de su padre, también se acercó el momento del cumplimiento de aquella profecía dada por Ahías.

Como cristianos no podemos solo reconocer las promesas hermosas que la Biblia nos comparte.

Son verdad, están ahí y alientan nuestros corazones, pero no son las únicas que están en la escritura.

También hay palabra de juicio, de exhortación y de reprensión; y por supuesto, también hay promesas de castigo por el mal actuar.

Y de la misma manera que las promesas de amor y provisión se han de cumplir, las de castigo tienen un día para hacerse realidad.

La causa de Dios no es satisfacer al hombre, sino su integridad, su santidad y su fidelidad.

La causa de Dios es cumplir lo que ha prometido, aún cuando esto signifique castigo.

La causa de Dios no puede detenerse, pues una vez que él ha decidido hacer algo, nada podrá evitar que lo lleve a cabo.

Él hará que todo a nuestro alrededor suceda según sus propósitos.

Roboam desestimó el consejo de los ancianos y escuchó el de los jóvenes. Un consejo que a todas luces era imprudente, peligroso y devastador.

Pero “la causa era de Dios”; es decir, Dios estaba detrás de esta situación, él estaba permitiendo que las cosas sucedieran así, él mismo estaba poniendo cada pieza en su lugar, con el objetivo de cumplir la profecía dicha años atrás.

Dios permitió que el juicio de Roboam se nublara, que su ego se desbordara, y que ignorara el sabio consejo de los ancianos que le hubieran permitido mantener unido el reino.

Pero la profecía decía que en su reinado se dividiría la nación, y Dios intervino para que así tal cuál sucediera.

Esta verdad puede ser preocupante para algunos: Dios interviene en la historia humana para que sucedan algunas cosas que él desea que sucedan o que ya anticipó que sucederían.

Pero, esta sensación solo estará presente en aquellos corazones cuya confianza está en sí mismos, y cuyo corazón anhela vivir según sus propios preceptos.

Para quienes hemos rendido la vida a Cristo, y anhelamos con el alma obedecer su voluntad, la intervención divina en nuestras vidas no es una intromisión, sino una bendición.

Saber que la causa de Dios se está cumpliendo en nuestras vidas es motivo de tranquilidad y confianza.

Él tiene todo bajo control.

Así que el problema no es que Dios intervenga, sino saber si su intervención es para cumplir una palabra de bendición o una de castigo sobre nosotros.
E
Que la presencia de Dios en nuestras vidas traiga seguridad y fe en su causa. Y que seguros en él, vivamos a la espera del glorioso cumplimiento de sus promesas.

Isaí Rodríguez Ruiz