En su reposo. 29/03/2022. T15. E8.
“Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová”.
1 Reyes 8:11
La gloria de Dios
El hecho sobrenatural descrito en el versículo leído, es sin duda uno de los más gloriosos de toda la Biblia.
La consagración del templo de Salomón fue sellada con la impresionante presencia de la nube de Jehová, equivalente a aquella que acompañó al pueblo de Israel durante su peregrinaje por el desierto.
La gloria de Dios, que no es otra cosa que una manifestación visible de la presencia de Dios, inundó todo aquel lugar que estaba siendo consagrado, como tomando posesión del mismo y confirmando así su beneplácito por la obra realizada.
La gloria de Dios sigue siendo el anhelo del corazón de todo aquel que ha entrado en un estado de comunión íntima con Dios.
No hay absolutamente nada en esta tierra que pueda siquiera compararse con la experiencia de gozar la presencia de Dios.
Esa presencia divina que bendice, santifica, consagra y confirma su deseo de descender y tener cercanía con el hombre.
Fue tal la gloria de Dios en aquel histórico momento, que hubo necesidad de hacer un alto en las actividades litúrgicas.
Porque ningún esquena religioso puede compararse con un toque de la presencia del Todopoderoso.
Como Salomón, consagremos a Dios el templo de nuestro ser entero, y permitámosle llenar todo nuestro ser de su presencia.
Que la gloria de Dios llene cada rincón de nuestra alma; y que semejante experiencia nos enseñe a amar, valorar y desear su presencia por encima de cualquier acto religioso.
Que hoy la gloria de Dios nos envuelva y bendiga.
Isaí Rodríguez Ruiz