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En su reposo. 22/06/2022. T18. E5.
“Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios”.
‭‭2 Crónicas‬ ‭5:14‬

La gloria de Dios

La gloria de Dios no es sutil, ni motivo de juegos.

La gloria de Dios es única e impresionante, pero tiene muchas formas de mostrarse al hombre.

En la dedicación del templo construido por Salomón, la gloria de Dios aparece como una forma de sellar y confirmar la presencia de Dios en aquel santuario.

El Señor está ahí, y lo patentiza dejando ver su gloria en el santuario.

Habrá que considerar que la nube no es la gloria de Dios, sino una manifestación de la gloria de Dios; es decir, que la experiencia física de la presencia de Dios no limita la forma en que él puede manifestarse al hombre.

En aquel momento fue una nube que llenó el templo; en otros casos en la Biblia fueron lenguas de fuego, así que Dios es soberano para expresar su gloria ante los hombres como él desee.

Lo importante es entender que toda manifestación de su gloria tiene propósito. En este caso, en primer lugar la gloria de Dios sella la consagración del nuevo templo y confirma su beneplácito.

Dios está complacido y lo demuestra permitiendo que su gloria descienda entre su pueblo.

En segundo lugar, la gloria de Dios permite un momento de serenidad, quietud y reflexión, pues era tan poderosa aquella nube, que detuvo todos los trabajos de los sacerdotes y levitas.

Las experiencias espirituales siguen vigentes en nuestros días, pero tienen un origen y tienen un propósito. No son para entretener o manipular a las personas.

Es importante que le demos un valor a cada experiencia que tengamos con la presencia de Dios, pero que también le demos el uso adecuado

Este uso puede ser, según nuestra historia, que Dios afirme y confirme su presencia y respaldo en nuestras actividades; y por supuesto, la manifestación de la presencia de Dios nos lleva siempre a la reflexión y crecimiento espiritual.

Por último, no debemos olvidar que las experiencias espirituales no desplazan ni hacen a un lado nuestras responsabilidades cotidianas.

La nube desapareció y el trabajo siguió cumpliéndose dentro del templo.

Las experiencias que tengamos con la gloria de Dios son temporales, nos afirman la fe y nos inspiran a seguir adelante, viviendo, sirviendo y honrando a Dios con cada acto que realizamos.

Que la gloria de Dios llene nuestras vidas cada día.

Isaí Rodríguez Ruiz