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En su reposo. 17/05/2022. T17. E3.
“El quinto, Sefatías, de Abital; el sexto, Itream, de Egla su mujer.”
‭‭1 Crónicas‬ ‭3:3‬

La importancia de la familia

El linaje real de David fue amplio. Tan solo en la lista de príncipes fueron 19 hijos que le nacieron, sin contar los hijos de las concubinas que no tenían derecho al trono.

Peor aún, son bien conocidas las circunstancias graves que tuvo que atravesar en algún momento de su vida por causa de sus hijos.

La genealogía de este capítulo nos arroja algunos pequeños pero interesantes conceptos que podemos desprender de la descripción que se hace de la madre de algunos de los hijos de David.

Por ejemplo, el hecho de que tres de los los primeros cuatro hijos de David le causaron grandes pesares, pero el segundo, Daniel, nunca se vio involucrado en los problemas de sus hermanos.

Esto puede tener su origen en quién era su madre: Abigail, la de Carmel. Sí, la sabia mujer que evitó a David el derramamiento de sangre inocente.

O el caso de Absalon y su actitud prepotente, puede tener su gestación en el hecho de que su madre era hija de un rey, el rey de Gesur, y quizá de ahí le nacieron a este joven príncipe los anhelos y la presunción de gobernar.

Y qué decir de la forma de describir a la madre del sexto hijo de David, “Egla, su mujer”, como señalando una cercanía más profunda con ella que con las demás, y quizá eso crearía lazos más fuertes que evitaran que el hijo de Egla, Itream, se metiera en problemas como sus hermanos.

Qué importante fue la presencia de una madre y de una familia para formar y consolidar los valores en los príncipes.

Amnón, Absalón y Adonías fueron un dolor de cabeza para David, mientras que otros príncipes pasaron su vida honrando a su padre y al reino.

¿La diferencia? Muy probablemente consistió en quién era su madre y qué tan sana fue su relación familiar y con su padre.

Tal cual hoy día, la presencia de una madre y una familia con valores, y sobre todo con una relación fuerte con Dios, creará los espacios que los príncipes, los hijos de cada hogar, puedan usar para crecer con el carácter correcto y los principios que le permitan vivir con dignidad y honra hacia sus padres.

Cuánta falta hacen estos hogares, estos padres, y estos hijos en nuestra sociedad.

Evitemos la arrogancia de la familia de Absalón, seamos sabios como Abigail, y cercanos como David y Egla, nuestros hijos y nuestras futuras generaciones nos lo agradeceránr, y Dios será exaltado en nuestras familias.

Isaí Rodríguez Ruiz