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En su reposo. 11/08/2022. T20. E2.

“Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien”.

‭‭Nehemías‬ ‭2:18‬

La mano de Dios

Quizá la frase más famosa del capítulo 2 de Nehemías, sea la forma en que arengó al pueblo a edificar los muros de la ciudad: "levantémonos y edifiquemos".

Pero aunque es un excelente medio para fortalecerse y llamar a la acción, la realidad es que el argumento que utilizó Nehemías para inspirar a la nación, se encuentra en otra parte de su discurso.

Es la mano de Dios la clave que alentó al pueblo.

El hecho de que aquel copero del rey contara con lujo de detalle la historia de cómo la mano de DIos había estado con él, desde el día que quebrantó su corazón y entró en ayuno y oración, pasando por la gracia que le dio delante del rey para que éste le abriera las puertas para que pudiera ir a Jerusalén y construir, así como el hecho de que esta misma poderosa mano de Dios lo había guardado en el camino y le había provisto de todo lo necesario para la reconstrucción del muro y de las puertas de la ciudad, fue lo que realmente animó a la nación.

La mano de Dios representa el respaldo divino para lo que emprendemos

La mano de Dios es la forma visible de palpar el apoyo del cielo en nuestros planes.

Si Dios está, si su mano está, no hay forma de experimentar la derrota.

Esta certeza, esta confianza, esta verdad incuestionable es lo que inspiró a la nación y es sin duda lo que logrará motivar a sus hijos en todo tiempo y lugar para emprender grandes cosas para él.

La gran pregunta entonces es: ¿está la mano de Dios con nosotros?, ¿podemos palpar su respaldo en aquello que emprendemos?, o ¿estamos luchando con nuestras propias fuerzas para alcanzar lo que nosotros deseamos sin consultar o aceptar la voluntad de Dios?

Nehemías llegó a experimentar el respaldo de Dios, pero primero lo buscó en ayuno y oración, dio los pasos que tenía que dar solo cuando Dios le abrió las puertas, no cuando él quiso hacerlo.

No presumió el respaldo de Dios, sino que supo hablar de aquella mano de Dios ayudándole solo cuando era necesario. No confrontó inencesariamente al enemigo, pero supo confiar en Dios cuando tuvo que dar la cara contra los enemigos de la obra.

Muchas lecciones nos deja la historia de Nehemías, y mucho camino por recorrer tenemos aquellos que deseamos que la mano de Dios nos bendiga y prospere.

Manos a la  obra entonces, animemos nuestros corazones, trabajemos incansablemente para lograr las metas, pero antes de todo eso, asegurémonos que la mano de Dios va con nosotros.

Isaí Rodríguez Ruiz