En su reposo. 03/12/2021. T10. E13.
“Mas a la tribu de Leví no dio Moisés heredad; Jehová Dios de Israel es la heredad de ellos, como él les había dicho”.
Josué 13:33
La mejor herencia
Dos veces este capítulo señala la ausencia de tierras en posesión para la tribu de Leví.
La primera de ellas en el versículo 14 hace la observación de que la manutención de esta tribu sería por medio de los sacrificios; es decir, que el sistema religioso de la nación proveería de los medios necesarios para que subsistieran.
Todo el sistema religioso establecido en la Ley de Moisés detalla esta expresión. Los levitas y la familia sacerdotal no tendrían posesión como sus hermanos de las demás tribus, pero Dios estableció un medio para suplir sus necesidades.
Pero el último versículo del capítulo, el que hemos ocupado para este devocional, va más allá de una necesidad material.
La heredad de la tribu de Leví sería Dios mismo. “Jehová. . . Es la heredad de ellos”.
La expresión revela intimidad, cercanía, comunión.
También nos muestra la atención personalizada que esta tribu tenía de parte de Dios para sus necesidades.
La tribu perdió el derecho a poseer un pedazo de tierra, pero ganó el derecho a esta cercanía con Dios y a este cuidado especial de su parte.
De esa manera, la tribu de Leví se convirtió en un ejemplo de todo lo inmaterial, eterno y celestial que los hijos de Dios pueden adquirir, cuyo valor trasciende toda herencia terrenal.
Pero también de la garantía divina de cuidado, protección y provisión para sus hijos.
La mirada del creyente no está entonces en la posesión de bienes, ni en la adquisición de recursos monetarios que le provean o garanticen seguridad económica.
Es prioridad del hijo de Dios agradarlo a él, vivir en comunión con su Señor, honrándolo, obedeciéndolo y sirviéndole en todos los aspectos de su vida, con la certeza absoluta de que ningún bien le hará falta, pues Dios mismo cuida de su vida y suple todas sus necesidades.
Que nuestros ojos estén mirando a Cristo; y que disfrutemos nuestra mejor y mayor herencia: la gloria de tenerle en nuestros corazones.
Isaí Rodríguez Ruiz