En su reposo. 23/04/2022. T16. E8.
“Anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la casa de Acab”.
2 Reyes 8:27
Lazos familiares
Acab y Jezabel, reyes de Israel, tuvieron dos hijos que reinaron después del perverso Acab: Ocozías y Joram.
Pero también tuvieron una hija, Atalia, quien se casó con un hijo del rey de Judá, Josafat, que a la postre se convertiría en rey de aquella nación, Joram. Sí exactamente el mismo nombre que su cuñado.
De hecho los dos Joram reinaron al mismo tiempo sobre los reinos del Norte y del Sur.
Pero al morir Joram, del reino de Judá, su hijo, Ocozías (sí, tambien hubo dos Ocozías en los dos reinos, pero no reinaron al mismo tiempo), reinó en su lugar.
Joram del sur es yerno de Acab, y su hijo Ocozías es nieto de Acab (también llamado Omri).
Y aunque este Joram es hijo de Josafat y por lo tanto este Ocozías es nieto de aquel buen rey, la influencia de los lazos familiares fue más fuerte del lado de Acab y Jezabel.
En lugar de que la influencia espiritual de Josafat llegara al reino del norte, ocurrió todo lo contrario.
La idolatría de Acab y Jezabel, y su familia, penetró en la sala del rey de Judá y pervirtió a los reyes descendientes de David.
Qué poderosos son los lazos familiares. Para bien y para mal, pero lamentablemente esta historia nos demuestra que en muchas ocasiones es más para mal.
La unión de las dos familias reales pudo ser la oportunidad para que el reino del norte regresara a Jehová, guiados por el liderazgo espiritual de los reyes del Sur, pero fueron éstos quienes se dejaron arrastrar por el pecado de Jezabel.
Esta sola experiencia debería ser más que suficiente para demostrar lo peligroso de las uniones familiares en donde no hay igualdad de convicciones para servir y honrar a Dios.
La relación entre los dos reinos había sido distante, y de alguna forma eso habría preservado al trono de Judá de contaminarse al nivel de los del reino de Israel.
Pero esta unión familiar fue el inicio del fin. La debacle moral y espiritual del Sur se selló aquí. Y aunque tardaría mucho más que el reino del Norte, su destino sería exactamente el mismo.
El Señor nos ayude a aquilatar esta experiencia y cuidar los lazos familiares.
Que sea nuestra convicción espiritual la que traiga a nuestra familia a Cristo, y no nuestra debilidad espiritual y nuestra conveniencia carnal la que genere un espacio a la maldad en el seno de nuestros hogares.
Ayúdenos el Señor.
Isaí Rodríguez Ruiz