En su reposo. 27/11/2021. T10. E8.
“No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos”.
Josué 8:35
Legado
Por supuesto que el contexto inmediato de este versículo es una referencia directa a una orden específica que había dado Moisés antes de morir.
La historia de esta orden está narrada en el capítulo 27 del libro de Deuteronomio.
Llegado el momento Josué y todo el pueblo cumplieron esta orden, y de alguna manera cumplieron la voluntad de un hombre que los había guiado por el camino de la verdad.
La descripción en uno y otro pasaje nos revela que siguieron al pie de la letra las instrucciones recibidas. El altar, la cal, las leyes, la colocación del pueblo, la lectura. Todo.
Con esto, no solo cumplieron una orden, pero también así honraron la memoria de Moisés.
Qué momento tan memorable para aquella generación poder llevar a cabo esta orden y traer a su memoria el sabio, fuerte, firme y amoroso liderazgo de Moisés. Sin él nunca hubieran podido llegar a donde estaban.
No hay mejor manera de honrar a quienes nos han liderado, nuestros padres espirituales, nuestros mentores y maestros, que haciendo aquello que nos enseñaron, y obedeciendo la palabra de parte de Dios que ellos nos entregaron.
Implícitamente, este pasaje da a entender que Josué y aquella generación no solo obedecieron a Moisés en este tema de la ley y el monte Ebal, sino que este versículo infiere la idea de que cumplieron todas y cada una de las órdenes que Moisés les dio antes de partir.
El legado espiritual de Moisés llegó a la tierra prometida y el pueblo de Israel supo seguir la voz de su líder aún cuando este había pasado a la presencia de Dios.
Tomemos un tiempo ahora para meditar en la forma en que nosotros estamos honrando a quienes nos formaron en el camino del Señor, demos gracias a Dios por sus vidas y sigamos el legado de santidad, pasión, servicio y amor por Dios y su obra que ellos nos enseñaron.
No hay mejor forma de honrarlos y de glorificar a Dios por sus vidas que siguiendo su legado.
Isaí Rodríguez Ruiz