Listen

Description

En su reposo. 14/06/2022. T17. E27.
“Este Benaía era valiente entre los treinta y sobre los treinta; y en su división estaba Amisabad su hijo”.
‭‭1 Crónicas‬ ‭27:6‬

Levita guerrero

La lista de los 30 valientes de David incluye a Benaía, pero es este capítulo el que nos aclara su linaje.

Era hijo del sumo sacerdote Joiada. Luego entonces era levita, y no cualquier levita, pertenecía a la familia sacerdotal.

Es decir, se encontraba en la línea de sucesión del sumo sacerdote.

De ahí lo sorprendente que resulta su nombre en la lista de los 30 valientes de David.

La élite de la élite de los guerreros del rey. Soldados de primera línea, leales, feroces, implacables.

Para aquellos tiempos el caso de Benaía resulta excepcional.

Por derecho y por sangre le correspondía ocupar su lugar en el servicio del templo. Entre el altar, el lugar santo y quizá algún día llegar a ser el sumo sacerdote de la nación y entrar al lugar santísimo.

Pero él renunció voluntariamente a todo eso para encontrar su lugar en el campo de batalla, entre espadas y escudos.

Para nuestros tiempos, en que ninguna profesión u oficio es hereditaria, y mucho menos el llamamiento al servicio Santo de Dios, Benaía es un ejemplo de saber encontrar tu lugar y trascender en el lugar donde el Señor nos coloca.

Es igualmente importante reconocer que el servicio a Dios no solo se puede hacer desde el altar de los sacrificios o desde un púlpito moderno, pues Benaia sirvió al rey, y por lo tanto a Dios, desde su posición como soldado.

Y vaya que lo hizo con grandeza.

Ser hijo del doctor, del maestro, o del pastor, no nos obliga a ocupar su lugar o a seguir sus pasos profesionales o ministeriales, pero sí podemos, bajo la dirección de Dios, buscar y hallar nuestro lugar en el mundo y cumplir nuestro propósito en la tierra.

Benaía llegó a ser uno de los mejores guerreros de su tiempo. La grandeza de su vida solo es posible observarla desde la óptica de un hombre que estuvo dispuesto a buscar su lugar en el mundo, a renunciar a la seguridad y estabilidad del “trabajo familiar”, y a servir a Dios con los talentos que él le dio.

Sabiendo que no es obligación seguir los pasos de nuestros padres, busquemos o dejemos a nuestros hijos buscar su propio lugar en el mundo, y desde ahí sirvamos o motivemos a los nuestros a servir a Dios con todo el corazón.

Para ello, necesitaremos la dirección divina, pero el Señor siempre está dispuesto a guiarnos si le damos la oportunidad.

La grandeza no está en imitar a otros, sino en cumplir con gozo nuestro llamado a servirle cómo y dónde él así lo haya planeado.

Que al hacer así, traigamos gloria y honra a nuestro Dios.

Isaí Rodríguez Ruiz