En su reposo. 04/02/2023. T24. 61.
"Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo".
Sal. 61:2
Llévame
Desde el cabo de la tierra, un corazón desmayado, herido, cansado, figuradamente, en el suelo, sin fuerzas para levantarse, el autor del salmo ruega ser llevado a una roca.
El trayecto sin embargo no será sencillo.
Para emprender el viaje, hay que desarrollar humildad suficiente como para reconocer que necesito ser llevado.
Nunca podré llegar por mi mismo a ese estado de plenitud que ofrece la roca más alta. Nunca tendremos las fuerzas o los recursos para alcanzar semejantes alturas.
Humillarnos y pedir ser llevados es lo mejor que podemos hacer.
Luego, durante la travesía, habrá que lidiar con todo lo que se nos presenta en el camino.
Inseguridad, crisis, tormentas, caminos torcidos, espinos y cardos, precipicios, deslaves.
Cada paso es difícil, cada día se complica seguir avanzando.
En ocasiones logramos grandes avances, pero en otros momentos pareciera que retrocedemos en lugar de ir hacia adelante.
Y la roca ahí está, firme, segura, inmovible. Llegar a ella es lo que quita el pesar, la tristeza, la frustración.
¿Cómo llegar si no tengo más fuerzas para levantarme?
Una vez más tenemos que clamar: "llévame".
Es él, son sus fuerzas, su gracia, su poder perfeccionándose en nuestra debilidad.
En ocasiones tomados de su mano, en otras tantas solo siguiendo sus pasos, pero en muchas más llevados en sus brazos, pero siempre ha sido él quien nos puede llevar a la roca, porque ¡la roca es él mismo!
Llévame a ti, llévame a tu regazo, llévame a la altura de tus moradas, de tu presencia, llévame a tu amor. Tú eres la roca, el refugio seguro, la esperanza bienaventurada.
Señor, te necesitamos, llévanos a las alturas de tu gloria donde encontraremos lo que nuestra alma acongojada necesita, lo que nuestro quebrantado corazón anhela.
Isaí Rodríguez Ruiz