En su reposo. 14/01/2022. T12. E4.
“Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel”.
Rut 4:14
Loado sea Jehová
El principal propósito de la presencia de este libro es resaltar el linaje de David, rey de Israel, destacando la forma milagrosa en que Dios proveyó su ascendencia.
Así lo demuestran los últimos versículos que incluyen la genealogía del hijo de Isaí desde Fares, el hijo de Judá.
Pero en el camino de este objetivo, grandes verdades son puestas en la escena de esta historia.
Las constantes pérdidas y sufrimiento de Noemí se ven ahora recompensadas con el nacimiento de Obed, la restauración del nombre de su familia, su escape de la pobreza y la esperanza de una vejez llena de felicidad.
Los cuidados divinos, los procesos críticos y los propósitos de Dios, mayores a lo que nosotros podemos imaginar; todo esto puede observarse en la lectura de tan maravillosa escena final del libro de Rut.
Quién iba a imaginar que después de tanto sufrimiento serían parte de la historia del rey más querido que tendría el pueblo de Israel.
Quién les prometería incluso que su linaje sería el que traería al mismo Hijo de Dios, Jesucristo, a esta tierra para bendición de toda la humanidad.
Quién podría siquiera soñar que su historia sería contada miles de años después como una muestra de amor, compromiso, fidelidad, y prueba irrefutable de la bondad divina.
Con mucha razón las mujeres se unen al gozo de Noemí, y expresan una adoración al Señor del cielo y de la tierra por tan gloriosa escena.
Noemí, la desamparada, la que cambió su nombre por Mara (amargura), tiene ahora en su regazo el motivo de su más grande felicidad, y esto es motivo de gratitud y adoración al que vive y reina por siempre.
Nosotros también, gocémonos con la victoria final que Dios le dio a esta mujer, celebremos la recompensa del cielo que vino sobre su nuera Rut, y contemplemos con alegría los buenos propósitos divinos para con esta familia y para con el mundo por el linaje de nuestro bendito Salvador.
Y que así, llenos de dicha y con un espíritu de adoración, afirmemos nuestra fe en el Dios que sabe transformar los días grises y los momentos más amargos en dicha, felicidad, esperanza y paz, trayendo a nuestro regazo la bendición que solo él puede otorgarnos.
¡Loores a Dios, aleluya!
Isaí Rodríguez Ruiz