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En su reposo. 12/03/2022. T14. E18.
“Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!”.
‭‭2 Samuel‬ ‭18:33‬

Malas noticias

Pocos dolores se comparan al de la muerte de un ser querido.

Veinte mil hombres murieron en aquella batalla pero uno era el Preciado del corazón de David.

Los hombres del rey lo sabían y eso detuvo a aquel soldado de darle muerte a Absalón y fue sin duda lo que motivó a Ahimaas para suavizar la noticia ante David.

Absalón no había sido el mejor, ni había hecho con su padre justicia y honra, pero era amado por el rey y eso era más que suficiente para quebrantar el corazón de aquel padre ante la noticia de su muerte.

Joab envió a un etíope, pero el hijo de Sadoc se adelantó para dividir la noticia de forma que fuera más digerible para el rey al darle primero las nuevas de la victoria en la batalla contra el ejército de Absalón y dejar al mensajero de Joab la noticia de la muerte del hijo de David.

Aún así, David se turbó, nubló su juicio y perdió la noción del tiempo. Lloró y expresó su dolor amargamente, pero pudo haber sido pero si la noticia la recibía de manera abrupta.

Aún para esta clase de noticias hay que ser sabios en la forma de presentarlas, pues más de una ocasión las noticias de muerte han traído más muerte por sí mismas.

Pero no solo las noticias de muerte, sino cualquier noticia de índole negativa debe ser entregada con discreción y cuidado.

Con amor por quien recibe la noticia, cuidando su corazón y su integridad emocional.

Seamos sabios y prudentes en la forma en que nos comunicamos para que nuestras palabras sean mesuradas y de edificación. Y si es necesario dar una mala noticia, que nuestro pensamiento esté siempre en hacerlo de manera que cuidemos el corazón de aquellos que recibirán las malas nuevas.

Así también honramos a Dios.

Isaí Rodríguez Ruiz