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En su reposo. 01/05/2023. T24. E134.
"Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová".
Sal. 134:2

Manos levantadas

La invitación para exaltar a Dios es una constante en los salmos.

Entre las muchas formas que esto es posible se encuentra la invitación del versículo dos.

Alzar las manos con dirección al santuario es un recurso litúrgico que tiene mucho qué enseñarnos.

Dependiendo del contexto, alzar las manos puede significar rendición, compromiso, entrega.

Representa disposición, una señal que hace destacar a quien las levanta para ser visto, tomado en cuenta.

En fin, hacerlo hacia el templo es reconocer la superioridad de aquel a quien está dedicado el templo.

Pero sobre todo, hacerlo significar bendecir a Dios.

Bendecimos a Dios con nuestros labios, cuando así se lo expresamos con palabras; pero también bendecimos a Dios con nuestras acciones, algunas simbólicas como la de levantar nuestras manos.

Así que más allá de costumbres culturales, o litúrgicas, alzar las manos tienen un gran significado espiritual que bien haremos en apreciar.

Por supuesto, como todo acto cúltico, levantar las manos puede convertirse en una acción fría, religiosa, metódica, sin sentido.

La diferencia no está en las palabras, ni en la forma física del acto, sino en el corazón.

Como hijos de Dios, toda expresión que exalte al Señor debe brotar de un corazón genuinamente agradecido; pues es de ahí de donde surge una adoración genuina, que luego se proyecta en nuestras palabras y acciones.

No son las manos levantadas las que bendicen al Señor, sino el corazón que se rinde, se compromete, se entrega a la soberanía de Dios.

Las manos levantadas son solo la demostración visible de lo que ya ocurre en el corazón del adorador.

Que nuestras manos revelen qué tanto nuestro espíritu bendice al Señor.

Isaí Rodríguez Ruiz