En su reposo. 19/11/2021. T10. E1.
“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.
Josué 1:8
Meditar y actuar
La Biblia es sin duda alguna un recurso fundamental para el creyente.
Es imposible imaginar una vida victoriosa si no hay una asidua y disciplinada lectura de la palabra de Dios.
Según este mensaje de Dios para Josué, la lectura debe ir acompañada de la meditación. Es decir, la Biblia no debe leerse solo como un libro de mesa, como el periódico de la mañana (cuando eso era un hábito), ni como un libro de cultura general.
Hay que dedicar tiempo a la reflexión de lo que se lee; analizar, meditar, observar con detenimiento, “rumiar” su mensaje y dejar que penetre en nuestra mente y corazón.
Debe ser igualmente un acto de disciplina. Un hábito arraigado en la vida diaria. No debería pasar un solo día sin que leamos la Escritura, pero no como un acto religioso obligatorio, sino como un deleite personal en el cual se disfrute de lo que la Biblia tiene que decirnos de parte de Dios cada día.
Sin embargo, esto aún no es suficiente.
No basta con leer, guardar y meditar, se necesita actuar.
En el sentido que Dios le habla a Josué en este pasaje es posible observar que la acción que se le pide está relacionada con la conquista de la tierra prometida.
Esto nos lleva a entender que aquello que es la voluntad de Dios que hagamos, no se hará por sí mismo, ni mucho menos se hará solo porque seamos muy “espirituales” o porque leamos mucho la Biblia.
Nada sustituye a la acción.
Canaán no sería conquistada solo por la lectura de la Ley, Josué tenía que actuar y en ese actuar se le pide que se esfuerce y que sea valiente.
Había que salir al campo de batalla, había que liderar a la nación, había que ir al frente en todo tiempo.
El propósito de Dios para nuestra vida no sucederá mientras tenemos los brazos cruzados. Debemos actuar, esforzarnos, ser valientes en la lucha que nos toca vivir.
Al igual que Josué, Dios nos dará lo que nos ha prometido, pero es necesario que nos esforcemos. Al entender esto, cobra mucha mayor trascendencia la lectura y meditación de la Escritura, pues es en ella donde encontraremos la fe, la fuerza y la seguridad que Dios da a los que le obedecen.
Tampoco se trata de actuar precipitadamente según lo caprichos del corazón. Para eso está la Biblia, para dirigirnos en el camino correcto de la voluntad divina.
Seamos pues ese pueblo que lee, guarda, medita y aplica las Escrituras, viviendo cada día en la victoria que Cristo ofrece a los que permanecen fieles a él y a su Palabra.
Isaí Rodríguez Ruiz