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En su reposo. 26/09/2022. T22. E18.

"Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios".

Hechos 18:26

Mentoreo

Apolos, el gran evangelista, apasionado, erudito de las Escrituras, criado en una de las ciudades más cultas de aquellos días. Y sin embargo, necesitaba mentoreo.

Todo el fuego que ardía en su pecho, bien intencionado, necesitaba dirección. Una sabia guía que enfocara correctamente el potencial de aquel excelente predicador itinerante.

Gracias a la oportuna intervención de Priscila y Aquila sus capacidades fueron pulidas y su ministerio proyectado a logros inimaginables hasta entonces.

Con prudencia, paciencia, serenidad y firmeza, los amigos de Pablo se tomaron el tiempo necesario para ayudar a Apolos en su crecimiento.

Cómo hacen falta esta clase de mentores, que no exhiben, que no humillan, que en privado corrigen, que guían hacia la verdad, que centran el corazón con la Palabra.

La pasión no debe ser coartada, el espíritu de servicio no debe ser controlado, el amor por las almas perdidas no debe ser encajonado.

Un mentor no busca que las personas sean como él o que desarrollen el mismo ministerio.

Un mentor observa las habilidades, los dones ministeriales, la visión de quienes llegan a su cuidado, y los impulsa para crecer, pero sin quitar aquello que los empuja; el fuego del servicio.

Un mentor enseña, protege del error, encausa, proyecta; y cuando su discípulo está listo, lo impulsa para ir más allá.

La región de Acaya se vio enormemente bendecida con el ministerio de Apolos una vez ue pasó el proceso de su mentoreo.

Por supuesto, para que todo esto ocurriera todavía se necesitaba algo más: la disposición de Apolos.

La humildad, el reconocimineto de la necesidad de ser mentoreado, de ser enseñado.

Tanta falta hacen los mentores, como la sencillez en el corazón de aquellos que necesitan pasar por ese proceso.

Muchas veces, la capacidad natural, incluso los dotes ministeriales y el éxito alcanzado, ofusca la mente, nubla el corazón y evita que se reconozca la necesidad de ser ayudados por otros.

Mentores fieles y discípulos humildes, traerán épocas de crecimiento ministerial, solidez doctrinal, y madurez espiritual que bendecirá la obra de Dios donde quiera que vayamos.

Tomemos nuestro lugar en el proceso, y honremos al Señor con nuestro servicio.

Isaí Rodríguez Ruiz