En su reposo. 06/01/2023. T24. E36.
"¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas".
Sal. 36:7
Misericordia
Los primeros cuatro versículos de este salmo parecen no tener conexión con el resto del mismo.
Tratan sobre el impío y la forma en que este se conduce lejos de Dios y de sus mandamientos.
Después, el salmista se ocupa de describir la maravillosa misericordia de Dios.
El resto del salmo transcurre mostrando los beneficios que la misericordia de Dios otorga al hombre.
Por un momento pareciera que esta misericordia es aplicable incluso al impío de los primeros cuatro versículos, hasta llegar al versículo diez que describe sobre quién se derrama este regalo.
Sobre los que conocen a Dios, los rectos de corazón. Esto acota y limita la misericordia de Dios, que es para todos sí, pero para todos los que estén dispuestos a tener una relación sólida con el Señor y a vivir bajo sus ordenanzas.
Es por eso que el cántico termina diciendo: "allí cayeron los hacedores de iniquidad"; en otras palabras los impíos.
El final de los impíos no es nada esperanzador. Han de caer, pero ¿a qué lugar se refiere cuando dice: "allí cayeron"?
Allí, ante un Dios que es misericordioso pero también justo; capaz de extender su misericordia a todos, pero también de usar esa misericordia para defender a los suyos de aquellos que hacen maldad.
Allí, delante de un Dios que ofrece misericordia pero demanda que nos cobijemos al amparo de sus alas como también señala el versículo siete.
Por lo tanto, aquellos que se alejan voluntariamente de su misericordia, los hacedores de maldad, los impíos, no tienen otra expectativa más que caer derribados, derrotados, juzgados y sentenciados por Dios a una eternidad de la que no podrán levantarse, no podrán escapar.
Lejos de minimizar la misericordia de Dios, esta triste verdad sobre los impíos lo que hace es engrandecer todavía más el hecho de que Dios otorga a todo hombre la oportunidad de disfrutar de sus bendiciones, solo por su misericordia.
A pesar de nuestra impiedad, si nos volvemos a él, arrepentidos y en fe, su misericordia nos abraza, nos perdona y nos justifica, llevándonos a experimentar el gozo de su salvación.
Corramos presurosos a resguardarnos del mal bajo sus alas de misericordia.
Isaí Rodríguez Ruiz