En su reposo. 20/01/2023. T24. E48.
"Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo".
Sal. 48:1
Monte santo
El salmo completo está dedicado a declarar la hermosura del monte de Sion, en otras palabras, de la ciudad de Jerusalén.
La capital de David, asentada sobre el monte de Sion, se volvió desde entonces, en ejemplo de belleza y gloria, pero no de cualquier gloria.
Su grandeza no radica en la historia de sus calles o plazas, así como su fortaleza no descansa en sus muros y torres.
Es, como todo lo que el hombre disfruta, una gracia de Dios.
El Señor escogió esta ciudad y este monte, hizo en él su habitación, y desde ese momento se convirtió en un lugar especial por la presencia de Dios.
La santidad del monte, su belleza, su gloria, su seguridad, todo proviene de la presencia de Dios.
La reacción de todos al ver la ciudad, mezcla de asombro y temor, es un testimonio de la grandeza que se respira en sus calles, en sus palacios y en cada una de sus esquinas.
El salmo otorga para la posteridad, una visión de la ciudad en los tiempos del rey David, pero también nos revela proféticamente la condición de esta ciudad en los días del Gran Rey del versículo 2. Jesucristo, el Mesías Rey, el Dios de la gloria que gobernará al mundo.
Y pensar que todo es resultado de la bondad de Dios al escoger este monte.
El salmista entiende esta misericordia divina y es eso lo que lo impulsa a exaltar la grandeza de Dios en medio de la ciudad.
Dios merece ser exaltado, en gran manera alabado, reconocido en su infinita misericordia, loado en toda la tierra, tenido por justo en medio de su pueblo.
Saber que escogió la ciudad, como nos escogió a nosotros, solo por su gracia, debe provocar en sus hijos una alegría indescriptible que nos lleve a prorrumpir con gozo la hermosura de su nombre.
Que nuestras vidas sean un cántico y un testimonio para las generaciones venideras, como este canto, de la grandeza y fidelidad de Dios.
Isaí Rodríguez Ruiz