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En su reposo. 28/11/2022. T24. E2.

"¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas?".

Sal. 2:1

Motín

La idea principal de este salmo está centrada en la pregunta del versículo uno, y en aquellos que atacaban al rey de Israel con la intención de derrocarlo.

Pero en realidad la pregunta no busca una respuesta como tal; mas bien, es una reflexión irónica, pues el autor entiende que todos los ataques que pudieran venir en su contra eran vanos, inútiles, infructuosos.

Así, el salmo transcurre no contestando la pregunta de por qué lo hacen, sino explicando la razón por la que son vanos.

Por cierto, el salmista no cuestiona la existencia de tales ataques, ni se queja directamente de ellos. Entiende su existencia, conoce su origen, pero está firme en su convicción de que ninguno de tales esfuerzos prosperará en su contra.

Qué bien nos haría entender que las luchas siempre llegarán, que no podemos escapar de los ataques del enemigo, que la vida nos presentará retos y circunstancias en las que seremos confrontados y se nos tratará de quitar lo que Dios nos ha otorgado. No nos quejemos del mal que nos asedia, mantengámonos firmes viendo a quien ha prometido sostenernos en medio de toda adversidad.

Entendido eso, David reconoce que el lugar de privilegio que posee le ha sido entregado por Dios, que nadie más se lo dio y por tanto nadie más se lo puede quitar.

El poder de Dios está de su lado, y por lo tanto tiene garantizada la permanencia en el trono y el dominio sobre aquellos que intenten destruirlo.

Dios hará lo propio con ellos y se asegurará de mantener a su siervo en el lugar que él lo ha colocado.

Por supuesto, David está pensando en su propio lugar como rey de Israel, pero Dios utiliza esta inspiración divina para hacer una referencia a su propio Hijo, quien recibirá el reino de manos de su Padre, hasta los confines de la tierra.

El salmo entonces es mesiánico al asegurar que nada impedirá que el Padre otorgue a su Hijo el dominio de todo, y que él destruirá a los enemigos de su Hijo.

Pero simbólicamente, esta verdad es aplicada a todos los hijos de Dios, quienes, al tomar el lugar que Dios nos da, y aceptar con humildad su perfecta voluntad para nuestra vida, aseguramos también su protección, su ayuda y su victoria sobre todo aquello que intente quitarnos lo que Dios nos ha prometido.

Solo cuidemos de ser sus hijos, de ser obedientes y de encontrarnos siempre bajo su voluntad.

Dios se encargará de los motines en nuestra contra.

Isaí Rodríguez Ruiz