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En su reposo. 09/12/2021. T10. E18.
“Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?”.
‭‭Josué‬ ‭18:3‬

Negligencia

Negligencia es descuido, falta de aplicación o desinterés.

Por un momento parece que se le da más importancia a Juda, Efraín, junto con Rubén, Gad y Manasés, que recibieron, podría decirse, en tiempo y forma sus heredades, pero este versículo descubre la verdad del por qué las otras siete tribus no tenían todavía su heredad.

Los argumentos que podían presentar serían muchos y variados, pero Josué los reduce a uno solo: han sido negligentes.

La negligencia es un mal hábito. Ser negligentes es mostrar apatía, desinterés y un grado de conformismo inaceptable.

Quizá la presencia de los pueblos cananeos, quizá el cansancio, quizá, quizá. Lo cierto es que habían dejado para “mañana”, lo que tenían que haber hecho hace tiempo.

La llamada de atención que les hace Josué es directa y oportuna, pero también es propositiva. Un buen ejemplo de cómo debe conducirse el liderazgo ante la negligencia de aquellos que dirige.

El creyente no debe permitir que la negligencia anide en su corazón. Es visible la orden divina de acción, por lo tanto el hijo de Dios no ha de permanecer en la pasividad ni hacer lista de excusas o argumentos para detenerse.

Pero cuando esto ocurre, tanto el líder espiritual como aquel que ha caído en semejante condición han de hacer la parte que les toca para salir de ella.

El líder no puede dejar la responsabilidad en manos de alguien más. Con autoridad espiritual y moral, así como con sabiduría del cielo, debe afrontar la responsabilidad de expresar la exhortación necesaria.

Por su parte, quien recibe la llamada de atención ha de mostrarse accesible, humilde, reconociendo que es Dios quien le muestra las áreas de debilidad que está viviendo con el objetivo de corregirlas.

Toda exhortación debe ser hecha con objetividad, tacto y firmeza, el líder debe mostrar el error, pero también el camino para enmendar la senda.

Sacudamos toda negligencia de nuestros corazones, escuchemos serenos la voz de Dios que nos llama a la acción, y dejémonos guiar por su Espíritu para poseer aquello que nos ha sido entregado ya por la fidelidad divina.

Isaí Rodríguez Ruiz