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En su reposo. 13/07/2022. T18. E23.

“En el séptimo año se animó Joiada, y tomó consigo en alianza a los jefes de centenas Azarías hijo de Jeroham, Ismael hijo de Johanán, Azarías hijo de Obed, Maasías hijo de Adaía, y Elisafat hijo de Zicri”.

‭‭2 Crónicas‬ ‭23:1‬

¡Ánimo!

Siete años de excesos en el trono por la usurpadora Atalía.

Siete años de temores constantes por la seguridad del pequeño heredero del trono escondido de la mano de sus enemigos.

Siete años de incertidumbre por el futuro de la nación.

Joiada estaba acosado por todo tipo de pensamientos. ¿Qué pasaría si descubrían que tenía a aquel pequeño escondido? ¿Qué pasaría si buscaba ayuda para instalarlo en el trono y era traicionado? ¿Qué pasaría si decidía no hacer nada y dejar pasar el tiempo?

Qué difícil saber que lo arriesgaba todo si hacía algo para exponer al niño, pero lo perderían todo si se quedaba de brazos cruzados.

La expresión: “se animó Joiada”, revela que tenía cierto grado de inseguridad sobre lo que debía hacer.

Pero al final, esta misma expresión nos revela que fortaleció su espíritu, y se animó a arriesgarlo todo para hacer lo correcto por el bien del trono y del pueblo de Judá.

No siempre es fácil tomar las decisiones correctas; y a veces resulta angustiante conocer los riesgos que se corren al hacer lo que se sabe moralmente justo.

Una infusión de ánimo se requiere en los corazones que se encuentran vacilantes sobre si hacer lo que deben, o permitir que las cosas sigan su ritmo a pesar de las terribles consecuencias que esto pueda significar.

El reino estaba casi perdido, la dinastía de David en riesgo de desaparecer totalmente, la nación hundida en la idolatría.

El enemigo no era cualquiera. Había matado y no dudaría en volver a hacerlo para preservar el poder. Corría riesgo su vida, la de su familia, y la de aquel pequeño bajo su responsabilidad.

Pero Joiada se animó, encontró fuerzas para arriesgarlo todo y al final ganó porque su lucha era para preservar la promesa de un descendiente de David en el trono de Jerusalén.

La lucha sigue, y con ella los riesgos que la caracterizan. Pero saber que hacemos lo que Dios nos ordena y que vivimos bajo su perfecta voluntad, debe darnos ánimo para levantarnos a seguir peleando la batalla de la fe.

Es tiempo de arriesgar lo terrenal para ganar lo celestial; estar dispuestos a perder lo temporal para poder ganar lo eterno.

¡Adelante! El Señor está con nosotros.

Isaí Rodríguez Ruiz