En su reposo. 02/08/2022. T19. E4.
“Zorobabel, Jesúa, y los demás jefes de casas paternas de Israel dijeron: No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia”.
Esdras 4:3
No nos conviene
La oferta era tentadora.
La obra enorme, los recursos pocos y la ayuda muy necesaria.
Pero como en muchos otros casos, las letras pequeñas deben ser leídas antes de asegurar ayudas peligrosas.
El pueblo que habitaba la tierra cercana a Jerusalén había sido trasladado de otras naciones en la época de los poderosos reyes sirios.
No eran judíos, pero habían mezclado sus creencias antiguas con el judaísmo.
En cierta forma parecían ser fieles a Dios, pero en el fondo su sincretismo religioso era peligroso para la incipiente restauración espiritual de Judá.
Zorobabel y los líderes del pueblo de Dios están conscientes de eso y entienden el peligro que significa permitir la ayuda de aquellos pueblos.
Significaría mezclar las creencias.
Significaría permitir su influencia.
Significaría arriesgar su santidad.
No todas las ayudas son convenientes.
No todo el que extiende su mano para apoyar tiene buenas intenciones.
Y no conviene aceptar ayuda sin considerar el pago moral que tendrá que darse a cambio de esa ayuda.
Aquellos que fueron rechazados, mostraron inmediatamente su verdadera cara.
No querían ayudar, querían controlar y al final detener la obra del pueblo de Dios.
Lucharon una y otra vez hasta que aparentemente lograron su objetivo.
¿Valió la pena que Zorobabel y el pueblo rechazaran la ayuda?
¿Incluso sabiendo que aquellos hombres acabarían deteniendo temporalmente la obra de reconstrucción del templo?
¡Claro que valió la pena!
El malvado plan de quienes fingían ofrecer su ayuda fue descubierto y sus verdaderas intenciones expuestas.
No importa lo que nos ofrezcan, al final su meta será detener la obra de Dios en nuestra vida; por lo tanto, vale más que rechacemos desde ahora la mano de ayuda, pues que en la otra mano esconden la daga con la que buscan destruirnos.
El daño a la moral, a la vida espiritual y a la santidad del pueblo fue evitado gracias a que fueron capaces de valorar los inconvenientes de la alianza que se les proponía.
Eso es lo que el Señor espera de sus hijos cada día.
“No nos conviene edificar con vosotros”, fue la respuesta de Israel y debe ser la respuesta de cada creyente fiel hoy en día.
No nos conviene aliarnos con el mundo.
No nos conviene vivir en armonía con aquel que intenta destruirnos.
No nos conviene mezclarnos con el pecado.
Ayúdenos el Señor.
Isaí Rodríguez Ruiz