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En su reposo. 12/05/2022. T16. E24.
“Asimismo por la sangre inocente que derramó, pues llenó a Jerusalén de sangre inocente; Jehová, por tanto, no quiso perdonar”.
‭‭2 Reyes‬ ‭24:4‬

No quiso perdonar

“Dios es amor”. Esta frase es quizá una de las más famosas que se usan para describir al Dios de la Biblia.

Encierra sin duda una gran verdad, pero como muchas otras frases religiosas conlleva un peligro en su interior.

Creer que Dios “solo” es amor. Cegarse ante la posibilidad de que tal amor divino pueda ser complementado por la justicia y santidad de un Dios que también sabe airarse, que también sabe castigar y que sabe no perdonar.

Creer que Dios solo es amor hace pensar a las personas que eso lo convierte en alguien incapaz de hacer algo malo contra aquellos que ama.

En ese mismo sentido, la humanidad cree que como Dios es amor, no cabe la posibilidad de que no perdone a los hombres sus maldades, llegando al grado de considerar que Dios está obligado a perdonar por amor todo lo malo.

Y ni qué decir de la idea de un Dios que castigue la maldad, ¡imposible! Porque “Dios es amor”, él jamás castigaría al hombre a causa de su gran amor.

Pero esta visión de Dios está equivocada.

El Dios de la Biblia. El Dios único y verdadero en todo el universo, no es para nada como este Dios consecuente y pusilánime que las personas se han creado en sus mentes.

Dios es amor y mucho más. Es misericordia, es bondad, es pasión, es cuidado, protección, provisión.

Pero también es justicia, santidad, perfección, celoso y lleno de ira contra la maldad.

Puede perdonar, quiere perdonar, hace todo lo posible a su alcance para perdonar, provee lo necesario para perdonar; pero tarde o temprano, se acabará la opción de perdonar y solo quedará la horrible expectación de juicio.

Para Judá llegó el día, después de muchos años, de muchos reyes, de mucha misericordia; el terrible día en que Dios ya no quiso perdonar.

Ese día es inevitable; lo alargó, lo aplazó por amor lo más que pudo, pero cuando la copa de su ira fue llena, cuando la maldad del corazón de su pueblo colmó su vista, ya no quiso perdonar.

Oh sí, llegará ese día también para la humanidad de nuestros tiempos.

Por mucho que veamos su misericordia extendida a nuestro favor cada mañana, y que su amor nos atraiga con lazos afectuosos buscando nuestro reencuentro con él, llegará el día en que este amoroso Dios ya no quiera perdonar.

Ya no importó la reforma espiritual que produjo Josías, ni los esfuerzos intercesores de los profetas que él mismo instituyó.

Dios ya no quiso perdonar a Judá, como llegará el día en que ya no querrá perdonar a esta generación ni sus pecados, y solo quedará frente a la humanidad la ira de un Dios santo y celoso, cayendo con fuerza sobre cada pecador.

Dios ahora quiere, ahora está abierto a recibir a todos, ahora está dispuesto a perdonar. Aprovechemos este tiempo de gracia y perdón y escapemos de aquel terrible día cuando Dios ya no quiera perdonar.

Isaí Rodríguez Ruiz