En su reposo. 10/06/2022. T17. E24.
“Estos fueron distribuidos para su ministerio, para que entrasen en la casa de Jehová, según les fue ordenado por Aarón su padre, de la manera que le había mandado Jehová el Dios de Israel”.
1 Crónicas 24:19
Obedeciendo a Dios
Desde capítulos anteriores puede observarse la forma en que fueron contados los levitas y sacerdotes de la nación.
También es posible notar que las tres grandes familias de levitas fueron organizadas para el desarrollo de sus ministerios.
Lo mismo ocurrió con las dos grandes familias sacerdotales.
Esto nos revela sin duda la importancia que tiene para Dios la organización.
Algo más que podemos destacar de este proceso de organización es la integración de todos los sacerdotes y levitas en el ministerio.
En el caso específico de los sacerdotes, su función más importante era entrar al santuario de Dios y ministrar directamente en ese santo lugar.
Hay que recordar que el templo de Dios en aquel tiempo no estaba abierto a todas las personas sino que solo los sacerdotes tenían acceso a él.
De ahí la importancia que todos los del linaje sacerdotal tuvieran la oportunidad de cumplir con este ministerio.
Pero de todo lo que cobra valor en esta historia, la pieza clave es la disposición del hombre para seguir las instrucciones dadas por Dios.
La forma en que David organizó a los sacerdotes está directamente relacionada con las órdenes dadas por el primer sumo sacerdote Aarón; pero este a su vez, recibió tales órdenes de parte de Dios directamente.
La responsabilidad de los descendientes del linaje de Aarón no era otra sino simplemente seguir tales instrucciones al pie de la letra.
No porque fueran dadas por su antecesor, sino porque eran órdenes del cielo.
En este punto, cobra enorme valor no solo la obediencia de los descendientes de Aarón, sino la del mismísimo hermano de Moisés.
Oír y obedecer la voz de Dios es más importante de lo que en ocasiones llegamos a reconocer, porque siempre habrá personas oyendo y haciendo lo que nosotros decimos o hacemos, no solo en nuestros tiempos, sino incluso en generaciones posteriores.
En tiempos de David obedecieron las órdenes de Aarón, pero ¿qué hubiera pasado si Aarón no hubiera obedecido a Dios?
No solo Aarón hubiera fallado, sino que hubiera hecho fallar a sus descendientes al seguir su camino.
Así que cuando obedecemos o desobedecemos a Dios, marcamos un camino a seguir para quienes vendrán después.
Qué enorme responsabilidad ante Dios y ante la historia.
Que las próximas generaciones, al mirar a nuestros días, puedan decir: “seguiremos las órdenes de nuestros padres o abuelos, porque ellos vivieron obedeciendo las órdenes que recibieron de Dios”.
No habrá mayor gloria ni honor más grande que ese.
Isaí Rodríguez Ruiz