En su reposo. 16/06/2022. T17. E29.
“Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente”.
1 Crónicas 29:9
Ofrenda voluntaria
La lectura del último capítulo de este libro tiene una palabra clave que es relativamente fácil de ubicar.
Siete veces aparece el concepto de la voluntad en el pasaje.
Todas en relación a la ofrenda que tanto David, como sus líderes y el pueblo en general, dedicaron para la construcción del templo de Jehová.
Por supuesto, tal principio es un eje rector de todo aquello que damos para Dios.
Incluso aquello que por la ley de Moisés cada israelita debía traer, como primicias, diezmos y las ofrendas de las fiestas solemnes y de los ritos de purificación.
Aun cuando se establecieron como mandatos divinos, era importante que cada oferente entendiera que en su corazón debía haber gratitud para con Dios.
Ese reconocimiento de la misericordia de Dios es el que debía provocar en ellos, disposición y voluntad para traer las ofrendas establecidas en la ley.
En otras palabras, todas las ofrendas, incluso las marcadas en la ley debían ser voluntarias.
Con mucha mayor razón aquellas que, sin ser parte de la ley de Dios, se pidieran para algo relacionado a su obra.
Este es el caso de la ofrenda que dio y pidió David para la construcción del templo.
No era parte de la ley, no estaba contemplada en las ofrendas ordenadas, pero al entregarla, era necesario que fuera de manera voluntaria y con corazón dispuesto.
Aún en nuestros días, la forma de sostener e impulsar la obra de Dios sigue siendo a través de los recursos de aquellos que, más allá de discutir si algo es obligatorio o no, disponen de un corazón agradecido con Dios y generoso con su obra.
A tal grado, que con gozo; y sobre todo, voluntariamente, dan de sus recursos para el sostenimiento de la obra de Dios y para seguir compartiendo el evangelio en todo el mundo.
Aparte de esta gran verdad, otros tres principios destacan en este tema.
Primero, que todo líder debe dar el ejemplo a la hora de ofrendar. David así lo hizo y sin duda eso inspiró a sus líderes y a la nación entera.
Segundo, el reconocimiento de David y de la nación de que no eran dignos de haber sido elegidos como el pueblo de Dios. Tienen lo que tienen porque Dios ha querido que lo tengan.
Y esto lleva al tercer principio que destaca en este pasaje.
Todo es de Dios. Oro, plata, bronce, todo le pertenece a Dios, así que darle algo de eso a Dios es solo devolverle lo que en realidad le pertenece él.
Si estos principios quedan claros en nuestro corazón, aprenderemos a desarrollar el gozo de dar y de hacerlo voluntaria y generosamente.
Permita el Señor que cada ofrenda de su pueblo hoy, tenga tales características.
Isaí Rodríguez Ruiz