En su reposo. 15/12/2022. T24. E17.
"Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; inclina a mí tu oído, escucha mi palabra".
Sal. 17:6
Oye
Los versículos uno y seis de este salmo dan forma a la primera sección del mismo, centrada en la idea de que Dios escuche las palabras del autor.
Mientras que esta primera parte argumenta sobre las características de quien habla, la segunda parte resume lo que se espera de quien escucha.
El hombre habla, y espera que Dios oiga.
Pero para poder hablar con Dios primero hay que tener lo que se necesita para ser escuchado.
David sabe que se necesita una vida de integridad, una relación real e íntima con el Señor para que él pueda prestar atención a nuestras palabras.
Es por eso que el salmista argumenta señalando su entrega, su obediencia a la voluntad de Dios, su lejanía del mal, su integridad.
Aunque todos podemos hablarle a Dios, solo aquellos que realmente tienen acceso a su presencia, a su trono, serán escuchados por él.
De ahí la importancia de desarrollar y fortalecer cada día nuestra relación con él y vivir una vida conforme a su voluntad.
Con la seguridad de que Dios nos oye, podemos expresar todo lo que hay en nuestro corazón.
Las peticiones de David van desde, solamente ser escuchado en su clamor, hasta la poética frase solicitando ser guardado del mal: "como a la niña de tus ojos" (v. 8).
Sabemos que podemos traer a él todas nuestras angustias y él nos escucha, pero además, tenemos la esperanza que él responderá conforme a la multitud de su misericordia.
Se levantará, nos defenderá, y al final, nos dará la dicha de ver su rostro y encontrar satisfacción en su presencia.
Dios oye y actúa, Dios oye y responde, Dios oye y da más de lo que le pedimos.
Estamos seguros bajo la sombra de sus alas.
Isaí Rodríguez Ruiz