En su reposo. 04/07/2022. T18. E15.
“Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías hijo de Obed, cobró ánimo, y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en la parte montañosa de Efraín; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pórtico de Jehová”.
2 Crónicas 15:8
Palabra profética
Algunos creen en ella a ciegas; mientras que otros la rechazan como a una herejía.
La palabra profética ha sido debatida ampliamente en toda clase de círculos de análisis bíblico y teológico.
Lo cierto es que su presencia en la Biblia es incuestionable. Tanto aquella que advierte el peligro por el pecado cometido, como la que anima el corazón de quien la escucha.
La profecía dada por Azarías en este capítulo pertenece a ese segundo grupo de profecías que fortalecen el alma y el espíritu.
¿Quién no desea una profecía de ese tipo? Todo te irá bien, vencerás, ganarás, cosecharás, arrebatarás, y cualquier palabra de victoria y seguridad.
Muchos pseudo profetas de hoy utilizan este tipo de “profecías” para manipular las mentes débiles de aquellos que buscan solo mensajes bonitos, que los animen y les digan que todo está y estará bien.
La verdad es que la profecía en la Biblia incluye este tipo de mensajes inspiradores en algunas ocasiones, pero como los mensajes de exhortación y castigo, estos tienen también un propósito específico.
Asa, el rey, lo entendió a la perfección.
“Cuando oyó… cobró ánimo y quitó… y reparó”.
No tomó la actitud de muchos, de orgullo y vanidad por haber recibido un mensaje halagador y de buen augurio para el futuro.
El ánimo que experimentó lo usó sabiamente para emprender con más fuerza aquello que había empezado a hacer.
Cualquier palabra de reconocimiento o de promesa que Dios nos dé, puede y debe hacernos cobrar ánimo, e impulsarnos, fortalecernos y guiarnos.
Pero no para gloriarnos o enaltecernos, sino para seguir trabajando en lo que se nos ha encomendado.
Asa cobró ánimo para seguir trabajando.
Lo que quedaba de ídolos en la nación lo termino de derribar. Y lo que faltaba de reparar en la casa de Dios lo completó con alegría.
La palabra profética sigue vigente hoy en día porque el don y el ministerio profético son señalados como parte de la vida de la iglesia en la Biblia.
Todavía es posible recibir una palabra profética de exhortación y haremos bien en recibirla con humildad y sincero arrepentimiento.
Pero las palabras de ánimo de parte de Dios siguen igualmente vigentes.
El Señor aún quiere inspirar a quienes están haciéndolo bien y motivarles a seguir así.
Cuando Dios nos dé una palabra como la de Azarías, donde todo lo que se nos declare sea de bendición, no es tiempo de elevar el ego y la autosatisfacción, sino de redoblar el trabajo para seguir adelante con la labor encomendada.
Que solo el Señor sea glorificado en nuestras vidas.
Isaí Rodríguez Ruiz