En su reposo. 17/12/2022. T24. E19.
"Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío".
Sal. 19:14
Palabras
Es interesante que el último versículo hable de las palabras del salmista cuando todo el salmo se refiere a las palabras de Dios.
La expresión parece no cuadrar del todo con el tenor del salmo.
Un cántico a la palabra de Dios, sea que se deja oír en la creación o en la Ley de Jehová.
David reconoce la voz de Dios en el firmamento que "anuncia la obra de sus manos", como en los "mandamientos de Jehová . . . que alegran el corazón".
Se deleita, en el placer que da saber que Dios es quien se comunica con el hombre, en su creación y en la palabra escrita puede oírse a Dios buscando entablar una comunicación con sus criaturas.
Es por eso que desea la palabra de Dios más que al oro, y la disfruta más que la dulzura de la miel.
Entiende la importancia de oír, pero también de obedecer, de guardar y cumplir la voluntad de Dios expresada en su palabra.
Y al saber eso, se da cuenta que Dios no solo desea ser oído, sino que él también desea escuchar las palabras que nosotros tenemos que decirle.
Él también se agrada en prestar atención a nuestros dichos. Espera con gusto las conclusiones de nuestra reflexión de su palabra y lo que hemos de decidir ser y hacer como resultado del impacto de sus mandamientos en nuestro corazón.
Es por eso que debemos ser sensibles a la voz de Dios cuando leemos su palabra.
Es necesario que la meditemos y la guardemos en el corazón para que produzca el fruto que se espera en nuestras vidas.
Ese fruto incluye nuestras palabras, aquellas con las que traemos a él adoración, gratitud, honra, servicio, humildad, entrega, consagración y reconocimiento de la bondad, fidelidad y misericordia de nuestro bendito Redentor.
Que oigamos su voz y que él oiga la nuestra en un brote de adoración que exalte su precioso nombre.
Isaí Rodríguez Ruiz