En su reposo. 05/03/2022. T14. E12.
“Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás”.
2 Samuel 12:13
Pecado
Hoy en día se buscan muchos términos, algunos aceptables y otros muy cuestionables para lo que la Biblia llama de manera sencilla y tajante: pecado.
David es confrontado con el pecado y su historia nos deja una gran lección para todos los tiempos.
No importa que sea el rey, no importa que sea poderoso, no importa que se corran riesgos. El pecado debe ser expuesto.
Natán hizo uso de la retórica con la parábola que utilizó ante David, y provocó que él mismo rey se expusiera y expusiera el castigo merecido.
Es probable que algunos sospecharan algo por las circunstancias. Los siervos de David, el general Joab, la familia de Urías, pero nadie se atrevía a señalar al rey.
El siervo de Dios lo hizo. Se presentó en la corte y señaló ante todos el pecado del rey.
Es necesario que hoy se siga llamando pecado al pecado, y que la iglesia no retraiga su voz ni sus dedos de marcar aquello que ofende a Dios.
Aunque en esta porción se revela de manera muy escueta la actitud de David, su reconocimiento de la falla cometida queda bellamente descrito en el salmo 51.
Él reconoce su pecado. No se excusa ni se esconde atrás de una enfermedad; mucho menos argumenta la influencia social o una mala experiencia de su pasado.
“Contra ti, contra ti solo he pecado. . .” (Sal. 51:4).
El pecado debe ser expuesto, pero el pecador debe reconocer su pecado. Lo primero tiene como propósito lo segundo. De no ser así, la exposición del pecado es solo otro pecado más: indiscreción y mala fe contra el pecador.
Expuesto o no, el pecador necesita venir ante Dios y reconocer el mal cometido.
Y una vez más, es a la luz de la actitud sincera de arrepentimiento de David mostrada en el Salmo 51 como podemos entender la frase que aparece en nuestro pasaje.
“Jehová ha remitido tu pecado”.
La remisión de pecados, por la cual Dios exime a David del castigo de la muerte, no puede ser entendida fuera del dolor y arrepentimiento que se observó en David.
“Vuélveme el gozo de tu salvación. . .” (Sal. 51:12).
La remisión del pecado es el objetivo final de la exposición del pecado. No hay en Dios otro interés que no incluya su ferviente deseo de perdonar, de librar al pecador de las consecuencias eternas de su maldad.
Exponer, señalar el pecado, debe tener como meta principal que el pecador reconozca, se arrepienta y sea perdonado.
Cualquier otro objetivo para hablar de pecado es cuestionable.
Seamos una iglesia que expone el pecado con firmeza, pero también con amor, no para exhibir o denigrar, sino para volver el corazón del pecador a Cristo, y que encuentre en él gracia, remisión de pecados, salvación y vida eterna.
Isaí Rodríguez Ruiz