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En su reposo. 28/09/2022. T22. E20.

"Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios".

Hechos 20:24

Percepciones

Pablo apresuraba su viaje a Jerusalén con la intención de estar en la fiesta de Pentecostés en la ciudad santa.

Sin embargo, como él mismo señala, en su recorrido rumbo a Judea, fueron varias ocasiones que se le anticipaba proféticamente que sufriría en aquella ciudad.

¿Cuál fue la respuesta del apóstol?

Un total desinterés por su vida; y un objetivo claro e ineludible para él: Dar testimonio del evangelio.

No, su objetivo principal no es acabar la carrera con gozo, como puede pensarse en una primera lectura.

Ese es el objetivo intermedio, el que solo está ahí para lograr el propósito final.

Pablo no está interesado en el final por el final, no busca su muerte ni está obsesionado con ser un mártir.

Pablo desea predicar a Cristo, y ve en su sufrimiento, prisiones, tribulaciones, e incluso la muerte, solo un medio más para lograrlo.

¡Vaya manera de percibir el futuro!

Muchos todavía luchamos cada día por el mañana. Nos preocupamos ante lo incierto del porvenir.

Pero Pablo lo tenía claro, y todavía más que nosotros.

Él sabía que vendrían problemas. Se le estaba advirtiendo proféticamente.

Pudo haber usado esta información para dar media vuelta y seguir sus viajes misioneros. Estaba en la posibilidad de recorrer más lugares que necesitaban recibir el evangelio, pero tenía una certeza, las advertencias de lo que le sobrevendría no eran para que evitara sufrirlas, sino para fortalecerle en medio de lo que sucedería.

Nuestra percepción del futuro estará guiada sin duda por los propósitos que nos trazamos para la vida.

Si buscamos nuestro bienestar, comodidad, estabilidad o seguridad, el futuro nos angustiará sobre medida.

Pero si en nuestras prioridades está el honrar a Dios, servir a su iglesia y predicar su Palabra bajo cualquier circunstancia, entonces, aun cuando sepamos lo terrible que pueda pasar mañana, seguiremos avanzando al cumplimiento de la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Su gracia nos asista cada día para vivir en la plenitud de su perfecta voluntad, y que lo que ocurra en el futuro no nos desvíe de nuestro principal objetivo: exaltar y predicar su nombre de palabra y acción.

Isaí Rodríguez Ruiz