Listen

Description

En su reposo. 21/12/2022. T24. E22.

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?".

Sal. 22:1

¿Por qué?

La expresión: ¿por qué? surge del corazón angustiado de David. Pero como es de la mayoría sabido, esta frase es utilizada por Jesús en el Calvario, y por lo tanto es una profecía mesiánica.

Entonces, no solo David, sino el mismo Señor Jesús la utilizan para expresar su sentir. Esto es importante, pues rompe una idea bien intencionada pero equivocada sobre la forma en que nos dirigimos a Dios en medio de nuestras tribulaciones.

Esta idea es la que dice: "no le preguntes a Dios ¿por qué?, sino: ¿para qué?", tratando de señalar que es más importante entender que Dios tiene un propósito para cada situación que vivimos, y que deberíamos enfocarnos en el aprendizaje en lugar de la queja.

Sin embargo, ante la prueba de que David y el mismo Señor Jesús la usaron, parece que no es del todo mala la idea de usarla para expresarnos delante del Señor.

¿Cómo podemos congeniar estas ideas?

Por supuesto que Dios tiene un para qué; es decir, él tiene un propósito para lo que vivimos, y aunque en el momento no lo comprendamos, si permanecemos fieles a Dios en medio de las pruebas, él revelará a su tiempo aquello que tenía planeado de antemano para nosotros.

Pero para todos aquellos que han experimentado el dolor, la idea de esperar para que Dios revele sus propósitos no resulta muy consoladora. Generalmente el que sufre desea una respuesta inmediata, o por lo menos un desahogo que le permita soltar la terrible carga sobre sus espaldas.

Eso es la expresión ¿por qué? Es la oportunidad de abrir el corazón y soltar aquello que esta ahogándonos.

¿Por qué me pasa esto? ¿por qué no se ha resuelto mi situación? ¿por qué no has sanado esta enfermedad?

Y aunque para los demás parezca una señal de debilidad, el ejemplo de Jesús nos demuestra que a veces está bien sentirnos débiles, que en ocasiones está bien sentir que ya no podemos, que está bien sentir que no podemos avanzar. No deberíamos juzgar a quien reconoce que ya no puede más.

Al aceptar esa posibilidad aceptamos igualmente que podemos quejarnos, siempre y cuando sea en el lugar y con la persona correcta.

Ahí, ante el trono de gracia, ante el Dios que nos ama y vela por nosotros, ante él podemos "quejarnos", desahogar el corazón, derramar nuestra alma y exponer la herida sangrante que está quitándonos la paz.

Y el mismo Señor que consoló a David y lo llevó a la victoria; el mismo Dios que completó la obra redentora de Cristo al darle la victoria sobre la muerte, el mismo Dios tomará el timón de nuestra barca y nos llevará a puerto seguro. Y al igual que David levantaremos nuestro cántico, prorrumpiremos en alabanzas que exalten su nombre, y contaremos al mundo sus maravillas.

Bendito su nombre por los siglos.

Isaí Rodríguez Ruiz