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En su reposo. 16/12/2022. T24. E18.

"Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, y cantaré a tu nombre".

Sal. 18:49

Por tanto

El salmo es un cántico de victoria.

Literalmente representa la gratitud de David por la victoria que Dios le ha dado frente a todos sus enemigos en aquel momento de su vida.

Enemigos reales, batalles reales, armas reales, peligro de muerte real.

Enemigos superiores además, con mayor poderío, mejor armamento, superioridad numérica.

Pero nada de eso evitó que Dios protegiera a su siervo y le hiciera salir vencedor.

David tiene suficientes argumentos, y los enlista detalladamente en el salmo, como para agradecer, adorar y confesar su rendición incondicional ante el Señor.

Metafóricamente, la experiencia de aquel guerrero se parece a la vida del creyente en Cristo.

Enfrentamos cada día batallas por nuestra alma. Peleamos en el terreno espiritual contra nuestra propia carne, contra las tendencias de este mundo que intentan alejarnos de Dios, y contra el mundo espiritual de maldad.

Como David, intentamos mantener nuestra integridad delante de Dios, pues sabemos que él presta atención a quienes buscan honrar y agradar al Señor de palabras y de acción.

Pero sobre todo, entendemos que existe una total dependencia de su presencia, de su poder y de su gracia para alcanzar la victoria.

Lo invocamos y él acude; lo llamamos y él interviene.

Fue, es y será siempre nuestro escudo y fortaleza en medio de las batallas que libramos.

Por tanto, por todo esto, por su amor manifestado a nuestro favor, por la victoria inmerecida que nos otorga, por la paz que nos ha dado, cantamos y confesamos su nombre como el único Dios verdadero.

Que el mundo entero lo sepa

¡No hay otro Dios como nuestro Dios!

Isaí Rodríguez Ruiz