En su reposo. 27/08/2022. T21. E3.
"Aconteció que hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, lo denunciaron a Amán, para ver si Mardoqueo se mantendría firme en su dicho; porque ya él les había declarado que era judío".
Ester 3:4
Porque soy judío
El momento de mayor crisis en la vida de Mardoqueo pudo ser aquel en que se vio en una encrucijada.
El orgullo y vanidad de Amán no tenía límites, y su obsesión por el reconocimiento y veneración podía llegar al grado de poner la vida de Mardoqueo en peligro, tal y como efectivamente ocurrió.
¿Qué debía hacer Mardoqueo?
¿Salvaguardar su vida con un simple gesto de inclinación?, ¿o mantener íntegra su devoción a Dios?
La respuesta de Mardoqueo no aparece textualmente en la Biblia, pero puede deducirse por la expresión: "ya les había declarado que era judío".
¿Por qué no te arrodillas ante Amán? ¿Por qué no cumples la orden del rey? "Porque soy judío". Esa parecía la escueta respuesta de Mardoqueo que llevó a los demás siervos a denunciarlo ante Amán.
Y es que no había necesidad de mayor explicación. No era necesario perder el tiempo dando argumentos o razones culturales, históricas o teológicas.
"Soy judío, y eso es suficiente para permanecer firme en mi decisión", decisión que igualmente parece no haber sido tan difícil para el primo de la reina Ester.
Para él la encrucijada no le causó ninguna incertidumbre, no hubo ni un rastro de duda en su corazón. No era negociable ni cuestionable. SImplemente era algo fuera de toda posibilidad el arrodillarse o inclinarse ante un hombre, porque era judío y nada más.
Tal entereza es ejemplo para todas las generaciones, de judíos y de seguidores de Jesús.
Ante las disyuntivas que el mundo nos presente y los riesgos que implique sostener nuestra fe, debería ser incuestionable la postura de los hijos de Dios.
La única respuesta que habría que ofrecer ante quienes amenazan nuestra convicción, y esperan que quebrantemos nuestra obediencia a Dios para satisfacer las leyes humanas, firme e inquebrantable, así como simple y poderosa ha de ser: "No, porque soy un hijo de Dios".
Sin necesidad de mayores razones o excusas. Como hijos de Dios tenemos claros los fundamentos de nuestra fe y no están en debate o negociación.
Él es nuestro Señor, nuestro Dios y Salvador, su gracia nos ha salvado y jamás nos avergonozaremos de él, venga lo que venga.
Aprendamos a desarrollar esta clase de fe ante la adversidad. Crezcamos a tal grado que sea inamovible nuestra convicción, y permanezcamos firmes sin importar las consecuencias que puedan cernirse sobre nuestras cabezas, y cuando alguien nos pregunte ¿por qué?, respondamos:
Porque soy un seguidor de Jesús.
Isaí Rodríguez Ruiz