En su reposo. 03/11/2021. T9. E8.
“Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.
S. Juan 8:58
Preexistencia
Nadie jamás en toda la historia de la humanidad ha hecho declaraciones tan atrevidas como las que hace Jesús.
No cabe duda que si hoy alguien afirmara estas palabras muchos tendrían la misma actitud que fariseos y escribas.
Aunque muchas de las verdades que Jesús dice en este capítulo pasaron inadvertidas para los religiosos de la época, otras las entendieron claramente, sobre todo cuando se trataba de una verdad que exhibía su pecado.
Pero hubo otras que, aun entendiendo lo que quería decir, no alcanzaron a comprender del todo la trascendencia de sus palabras.
Claro que se dieron cuenta que al decir que Abraham se gozó al ver el día de la venida del Mesías estaba dando a entender que él existía desde, por lo menos, la época de Abraham.
Eso humanamente es imposible. Es normal que pusieran en tela de juicio esa declaración.
El problema es que nunca consideraron la posibilidad y las consecuencias de que estas palabras fueran verdad.
Cerraron su mente y su corazón a esta opción, y con ello mostraron la maldad que en ellos había.
Claro que era una posibilidad que Jesús fuera un charlatán o que estuviera mal de sus facultades mentales, pero, ¿y si era verdad lo que decía?
Hay muchas religiones en el mundo, y todas ellas tienen sus valores, pero solo una se fundamenta sobre las palabras de un hombre que dijo ser el mismo Hijo de Dios, que afirmó su preexistencia siglos atrás.
Podría no ser verdad, pero, ¿y si sí lo es?
De saber que era mentira lo que decía, ¿moriría alguien por algo que sabe que es una mentira?
De haber tenido problemas mentales, ¿cómo hizo todos los milagros?, y ¿por qué sus discípulos estuvieron dispuestos a morir por alguien que se engañó a sí mismo y a ellos?
Y más importante todavía, si todo es verdad, ¿qué consecuencias habría de rechazar a este ser superior y su oferta de salvación?
Que sus palabras penetren nuestro ser, y nos lleven a la convicción de creerle, amarle y seguirle cada día de nuestra vida.
Isaí Rodríguez Ruiz